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Esas pupilas que se graban en la retina

Angustias bendice este sábado en la Catedral la remozada imagen de La Consolación de María.

 

Detalle de la talla remozada de La Consolación de María. DL -

08/03/2018

miguel ángel zamora | león

«Siempre me confortará pensar que en sus bellos ojos, llenos de lágrimas que producen reflejos misteriosos, que ahora son de Sevilla, seguirán surgiendo y creciendo otros reflejos igual de misteriosos, que serán ya los reflejos definitivos que irán aportando las miradas y los corazones cofrades de los leoneses». A Juan Manuel Miñarro el arte le brota a borbotones. Y a La Consolación de María, la de la cara llorosa y bonita, le han pulido sus lágrimas leonesas con reflejos hispalenses, que se bendicen el próximo sábado con una eucaristía a las 19.00 horas en la Catedral.

El imaginero y restaurador sevillano engarza otro nexo de unión con León. Después de su trabajo con Nuestro Padre Jesús Nazareno (JHS), ahora realza la serenidad, firmeza y resignación que glorifican a la Virgen en el instante de su soledad, sin gestos grandilocuentes y declamatorios exagerados. La talla inicial era parte de La Crucifixión. Corría entonces el año 1994. José Ajenjo talló en una sola pieza la escultura actual en 1996. Pero el toque de Miñarro, genio de la gubia, es inigualable. «Como puede imaginar, son muchas las vivencias que a esta imagen me unen. En fin me tendré de nuevo que acostumbrar como ya he hecho en muchas otras ocasiones en mi vida. Pues como otras tantas obras, dejará un importante vacío, que será una ausencia muy notable en mi taller, necesaria para seguir caminando», asegura Miñarro, académico numerario de la Real Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría de Sevilla.

La obra se remata con la colocación de cinco lagrimas que simbolizan las cinco llagas de Cristo y la fijación del resplandor de plata. Tiene un dorado con oro fino de ley de 23 kilates de tres cuartos, con un grosor doble de 15 gramos y tonalidad anaranjada. Gana realce gracias a la ornamentación con perfilados a dos tonos y cincelado de la superficie del oro visto en toda la cenefa del manto y ha sido sometida a estofado con técnica de temple al huevo según los colores. Ahora es turno para las braceras del paso.