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sentirse refugiados en el agua

La gesta de Omar en el Mediterráneo llega a Nava

Más de 30 personas emulan en la piscina al joven sirio que nadó en 14 horas los 10 kilómetros entre Turquía y Grecia huyendo de la guerra .

 

Omar Alshakal ayer en la piscina municipal de Navatejera mientras varios leoneses nadaban a favor de los refugiados. F. OTERO PERANDONES -

El joven sirio posa con las voluntarias. F. OTERO PERANDONES -

05/01/2017

ana gaitero | león

Omar Alshakal sintió «miedo, mucho miedo» cada minuto y cada segundo que tardó en cruzar a nado el Mediterráneo. Fueron 14 horas para surcar los 10 kilómetros de agua que distan entre la costa turca y la isla griega de Kalimonos.

Él, con 20 años, y otro joven, de similar edad, tenían más responsabilidad que la de su propia vida: «Llevábamos con nosotros a otra persona que no sabía nadar yeso nos retrasaba mucho», recuerda.

Fueron 10,000 metros agotadores para su cuerpo, mientras en su cabeza flotaba una idea muy clara: alcanzar las costas de alguna isla griega. Medio día y dos horas después lo consiguieron. «Esa persona necesitaba ayuda y no lo pensamos», responde cuando se le pregunta por qué asumió el riesgo de tirar de una persona que no sabía nadar en la travesía.

Ocurrió en el 2014. Ahora está protegido internacionalmente por Alemania, donde le concedieron el estatuto de refugiado, y ha decidido volver a Lesbos para ayudar a otros refugiados: «Cuando vi en Internet que llegaban tantas personas a las costas griegas pensé que era mi obligación», comenta.

Omar trabajaba con su padre como mecánico electricista y era entrenador de natación. La semana que viene cumplirá 23 años y ya han pasado tres años desde que salió de su ciudad natal, Deir Ezzar, huyendo de la guerra. «Conducía una ambulancia pero fuimos atacados por un misil y temí perder la pierna, me operaron en Turquía y me quedé allí», relata. Ahora su familia vive en Damasco y su hermano de 15 años en Alemania, pero no pueden hacer la reagrupación familiar por «problemas burocráticos», recalcó.

Se decidió a cruzar el Mediterráneo a nado «porque no sabía que se podía cruzar en bote». Fue antes de la gran crisis de refugiados en las costas griegas del verano del 2015. «Ahora lo corriente es que la gente llegue en dingui, que cuesta una media de 800 euros por persona y 400 cuando el mar está en malas condiciones», explican las jóvenes leonesas que le acompañan y hacen de traductoras.

Pero muchos caen al agua desde las embarcaciones. Con el peso de la ropa, nadar y sobrevivir en el agua se hace más difícil. Ayer 33 personas atisbaron lo que sienten los refugiados en el agua y cómo llegan a Europa. «Pero su experiencia y testimonio servirá para que cambie la imagen de los refugiados a muchas otras personas», señaló JuanJo Moro, concejal de Ahora Podemos Villaquilambre. Es el oleaje de la solidaridad y de la conciencia por lo que pasa en el Mediterráneo lo que agitaron ayer en la piscina de Navatejera.

Un total de 33 personas se sumaron a la iniciativa solidaria para sensibilizar a la población leonesa sobre el drama de los refugiados y nadaron en las piscinas de Navatejara 30.100 metros. «Me gustaría que hubiera conciencia de que los refugiados somos personas y de que todo el mundo puede ser refugiado en algún momento de su vida», comenta el joven sirio.

El objetivo era cubrir los 10 kilómetros que hizo Omar en el Mediterráneo en el vaso de la piscina. Un kilómetro por los diez que nadó Omar fue el resultado de la maratón solidaria organizada por varias jóvenes leonesas que han trabajado de voluntarias en las costas griegas, con la enfermera Chusa Albadalejo al frente, con el soporte de Ahora Podemos Villaquilambre que ha financiado los billetes de avión de Omar Alsakhal.

Los objetivos eran humanizar la imagen de las personas solicitantes de asilo en contacto con la sociedad leonesa, fomentar la solidaridad entre ciudadanos españoles, sirios y de otras nacionalidades en territorio español, fomentar la paz a través del diálogo y el deporte y ayudar a desmontar rumores y prejuicios sobre personas de cultura y religión diferentes, así como favorecer encuentros que puedan fomentar la amistad, el entendimiento y la ayuda mutua.

«Hay que tomar partido, no es suficiente con decir que se debe parar la guerra», manifestó el joven tras señalar que por ahora no tiene esperanzas de que la guerra llegue a su fin: «La tregua no funciona».