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30 aniversario del 23-f | los leoneses protagonistas

«Hice lo que tenía que hacer para que al día siguiente volviera la normalidad»

Fernández del Río, el leonés que era gobernador civil de Valencia, rompe su silencio por primera vez

 

Gutiérrez Mellado es zarandeado ante Adolfo Suárez durante la entrada de Tejero al Congreso. -

MANUEL C. CACHAFEIRO | LEÓNMANUEL C. CACHAFEIRO | LEÓN 23/02/2011

«Cada uno cuenta la feria como le va en ella». José María Fernández del Río, uno de los leoneses que más de cerca vivió el 23-F, rompe su silencio a medias. Desde 1981 no ha concedido ninguna entrevista, pero acto seguido confiesa que está harto de todo lo que se está contando coincidiendo con el 30 aniversario que se celebra hoy.

Natural de Campo, cerca de Cármenes, y arquitecto de profesión, fue protagonista porque era gobernador civil de Valencia aquella tarde-noche que Milans del Bosch sacó los tanques por las calles de la capital del Turia. «El que más habló con Milans aquella noche fui yo». «Armada está contando muchas milongas». «Hice lo que tenía que hacer para que al día siguiente volviera la normalidad a las calles y cumplí con mi silencio para que no se hiciera un juicio sumarísimo a la institución militar»...

Son frases de la conversación que ayer mantuvo el Diario de León con Fernández del Río quien, pese a esa negativa a las entrevistas, no tuvo inconveniente en hablar con este periódico sobre el 23-F durante más de 30 minutos desde su despacho en Madrid, consciente desde el primer momento de que estaba conversando con un medio de comunicación.

Confiesa que está cansado de tantas mentiras que se están contando sobre el fallido golpe de Estado, de personas que estuvieron al lado de los golpistas y hoy son casi hermanitas de la caridad. Fernández del Río es especialmente crítico con Alfonso Armada, a quien acusa de haber tenido grandes ansias de poder.

Por contra, se muestra orgulloso de su papel durante aquel día crítico para la democracia española. En todo momento, dice, permaneció en su sitio. Entre sus competencias no estaba mandar sobre el Ejército, ni sobre Milans del Bosch, pero sí sobre las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, la Guardia Civil y la Policía Nacional. Cree que fue una jornada triste, patética.. que pudo resultar muy trágica para España.

Aunque en estos 30 años le han invitado varias veces a romper su silencio, jamás lo ha hecho, porque ni quiere escarbar en lo que pasó, ni tiene ganas de protagonismo alguno, pese a que algún compañero de aquel momento le propuso publicar este año un libro sobre aquella página de la Historia de España.

En su despacho del Gobierno Civil de Valencia no sólo se juntaron los mandos de la Guardia Civil y la Policía. También acudió el gobernador militar. Aunque eran amigos, Fernández del Río fue consciente desde el primer momento que su cometido no era otro que controlar lo que estaba pasando en la sede de la representación del Gobierno en Valencia. Lo que niega es que le detuviera.

Las conversaciones que Fernández del Río mantuvo con Milans durante toda la tarde fueron conocidas por Francisco Laína, que estaba al mando del gobierno de subsecretarios que se constituyó, gracias a su mujer. Para evitar que el gobernador militar se enterase de sus movimientos, Fernández del Río llamaba a su esposa y ésta a Madrid.

Pese a lo que se dijo, no tenía competencias para detener a Milans. La detención del capitán general de Valencia correspondía a la autoridad militar. Milans del Bosch pensó hasta momentos antes del mensaje televisado del Rey que el monarca estaba con la sublevación. Así al menos se lo transmitió Armada, y así se lo confesó el responsable militar de Valencia a Fernández del Río minutos después. Y aunque ahora se hable de muchas conversaciones, lo cierto es que desde Madrid no se exigió a Milans que depusiese su actitud hasta poco antes de las 12 de la noche. Antes, por mucho que se haya dicho, el general Gabeiras, entonces jefe del Estado Mayor del Ejército, no le telefoneó para ordenarle que los tanques volvieran a los cuarteles. «Mi momento de gloria resulta que no va a ser. Ponga lo que quiera, pero yo no le he dicho nada», insiste. Fernández del Río confiesa que guarda documentación.

   
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