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PROTESTAS VECINALES

Puente Castro le pone la cruz a su rotonda

Los vecinos llevan ya más de 2.000 firmas presentadas para exigir al Ayuntamiento que modifique la nueva rotonda en la que se atascan miles de vehículos cada jornada

 

Los vecinos insisten en que la rotonda, lejos de dar fluidez al tráfico, ha derivado en la creación de más problemas - JESÚS F. SALVADORES

Á. C. | LEÓN
12/11/2015

Como desapareció la indicación de cementerio, a la entrada de Puente Castro han colocado seis cruces negras. Las han colgado los vecinos de las señales de rotonda —«mierdirrotonda», puntualizan— que les ha ejecutado el Ayuntamiento. Una paellera de apenas 4,7 metros de radio —2 de interior y 2,7 de pintura— en la que confluyen cuatro calles, un carril bici, un paso de cebra y un ceda el paso; no cabe más. Ahí, en ese galimatías, se enmarañan cada jornada miles de vehículos que entran y salen de la ciudad por el paso histórico sobre el Torío. Sólo con que haya cuatro coches dentro del giro a la vez y otro frene para dejar pasar a los peatones, se atasca el mecanismo. «Y si es un autobús o un camión el que necesita girar ya ni te cuento», incide Carlos de la Torre, habituado a enfrascarse en el nuevo cruce dispuesto por el consistorio desde este otoño, después de que siguiera adelante con los planos que dejó pintados el anterior equipo de urbanismo municipal y que han costado 24.031 euros. «Sólo hay que mirar el resultado: es ridículo», subraya.

La sentencia la suscriben los vecinos con las más de 2.000 firmas entregadas en el consistorio y las tres manifestaciones acumuladas para que el Ayuntamiento modifique la rotonda. «Donde tienen que hacerla es más atrás, que es donde hay algo más de sitio», concede José María Pérez, al hilo de la propuesta lanzada por la asociación vecinal Aljama para que los responsables políticos les den una alternativa. Sobre los planos cuentan con la que fija el Plan General de Ordenación Urbana, marcada 15 metros antes y con un radio de cerca de de 10 metros, pero están abiertos a que les presenten otras opciones siempre que se dé solución al problema generado. Pero por ahora, sólo han escuchado buenas palabras y ningún resultado. «Es que en los planos corren todos los coches por el mismo sitio», bromea el vecino, quien abunda en que «casi era mejor que no hicieran nada». «Es que aquí en este barrio no se ha hecho nada bien. Todo es una vergüenza», apostilla a su lado su amigo Virgilio.

Coincide con ellos Roberto Martínez, que trae como argumento su experiencia. «Va a haber muchos golpes. Yo libré el otro día. Iba con un amigo y tuvo que pegar un frenazo brusco porque otro que venía se saltó el ceda el paso», relata, mientras en la rotonda se suceden los sonidos del claxon de los que girar con cautela alrededor de las vallas provisionales de plástico que todavía no han quitado los responsables de la obra. Dentro, Puente Castro sigue subido a su cruz.

   
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