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El sello Cecina de León pierde la mitad de sus industrias en tres años

La decisión de productores de elaborar piezas fuera de etiqueta baja la producción certificada un 40%.

 

Imagen del corte profesional de Cecina de León con sello. RAMIRO -

17/12/2016

Asun G. Puente | redacción

La larga y acentuada crisis económica ha dinamitado en los últimos años la unidad de los productores de piezas de calidad englobados en torno al sello Cecina de León. La necesidad de ajustar los precios ante un mercado con menos poder adquisitivo y la búsqueda de rentabilidad de su producto han provocado que parte de los empresarios unidos a la etiqueta hayan optado por sacar cecina a la venta elaborada a través de una ‘línea B’. Se trata de piezas no certificadas en cuya manufacturación se utilizan partes del vacuno no incluidas en la etiqueta oficial (centros de contra o redondos). Su tiempo de curación es también menor, al igual que el desperdicio y el precio.

Este hecho no sólo ha mermado de forma muy considerable la producción de piezas con etiqueta Cecina de León, prácticamente un 40% menos desde que en 2007 el sello batiera su récord con 140.000, sino que las discrepancias entre los seguidores de la ortodoxia de la calidad y los partidarios de la ‘línea B’ han provocado que la marca haya perdido la mitad de sus industrias en los últimos tres años: de las 20 empresas adheridas a las once actuales. En los buenos tiempos, incluso, llegaron a sumar 24.

Fuentes de la comisión gestora del Consejo Regulador de la IGP Cecina de León explicaron ayer a este periódico que empresarios que siguen apostando por la calidad y la ortodoxia de la elaboración (utilizando únicamente las partes del ganado vacuno estipuladas por el reglamento, es decir, tapa, babilla, contra y cadera) no están dispuestos a seguir financiando el sello para que ampare y difunda también, de forma indirecta, a la cecina de la ‘línea B’ y prefieren abandonar el consejo. Precisamente, las diferencias en los criterios de producción provocó en su día la dimisión de los miembros de este órgano de gobierno de la IGP, ahora en manos de una comisión gestora a la espera de unas elecciones que devuelvan la normalidad al sello.

La diferencia en el precio del kilogramo entre las piezas certificadas como Cecina de León y el resto oscila entre los cinco y seis euros. Las primeras precisan al menos siete meses de plazo para su curación, mientras que las de la ‘línea B’ en dos o tres ya están en los mercados, lo que permite a sus productores realizar hasta cuatro rotaciones al año y. por lo tanto, lograr una mayor rentabilidad, pero la calidad no es comparable.

Otro de los frentes que preocupa a la gestora es el fraude en la etiqueta, aunque en este sentido, alaban la labor que realiza el área de Consumo desde la Delegación de la Junta en León. «Han abierto ya varios expedientes sancionadores tras comprobar nuestras denuncias».






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