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8M ■ Día de la Mujer Trabajadora

Treinta años a la vanguardia de la Guardia Civil

Las agentes de León explican las dificultades y los retos que han vencido para evitar los prejuicios de la sociedad y del propio cuerpo

 

Imagen de algunas de las guardias civiles de Léon - jesús f. salvadores

CRISTINA FANJUL/REDACCIÓN DIGITAL
07/03/2018

“Al principio, no sabían como hablarnos; nunca habían tenido mujeres, con lo que tuvieron que cambiar los modos sobre la marcha. Había condescendencia o machismo, pero creo que todo se debía a un problema de personas, no de la organización”. Quien habla es una de las mujeres que formaron parte de la primera promoción en la que la Guardia Civil dejó de ser un espacio exclusivo para los hombres. Han pasado 30 años.
Entonces, ni siquiera tenían las mismas opciones para ingresar en el Cuerpo que sus compañeros. Muchas de ellas se quedaron fuera a pesar de lograr calificaciones más altas. De un total de 2.817 aspirantes, en el año 1988 ingresaron 197 mujeres en la Guardia Civil. Fue la promoción número 94 y no resultó fácil para nadie. La idiosincrasia masculina del propio cuerpo provocó no pocas anécdotas que ellas hoy recuerdan con humor. Las instalaciones no estaban pensadas para que tuvieran que ser utilizadas por mujeres. No había baños ni dormitorios separados. “Teníamos duchas corridas y si te tocaba una con agua, bien, de lo contrario, tocaba aguantarse”. Recuerdan que había dos baños cerrados que las guardias civiles podían usar cuando les llegaba la menstruación. “Todo fue solucionándose a través de pruebas de ensayo y error”, destaca una de ellas, que explica que al principio fueron incluso las propias mujeres de los agentes quienes se quejaron. “Todos te miraban como un bicho raro, y sus mujeres ¡ni te cuento! Llamaban a los mandos para pedirles que sus maridos no salieran con nosotras”, asegura una de ellas, que coincide con las demás al resaltar que la mayor cerrazón siempre ha estado en la propia sociedad.

Imagen de una operación de la Guardia Civil en Armunia. JESÚS F. SALVADORES

Una de ellas recuerda que en una ocasión el grupo de una despedida de soltero la confundió con una gogó. En otra ocasión, durante una investigación en un club de prostitución en el que había una celebración de un grupo de empresarios, una agente del grupo de información tuvo que soportar que uno de ellos le propusiera “subir”. “A veces, hay gente que se encara contigo porque eres mujer. ¿Cómo puede ser que alguien se atreva a llamar niñata a una guardia civil?”, se pregunta una de las agentes.
Sin embargo, todas ellas coinciden a la hora de asegurar que el denominador común de su experiencia en la Guardia Civil es el respeto, aunque sí, como todas, siempre “tenemos que demostrar más”.

El uniforme también fue uno de los caballos de batalla de los mujeres al ingresar en la Guardia Civil. Al principio, todas ellas tenían que vestir falda pantalón y zapatos de tacón. Y eso pasaba en cualquier terreno. “Una vez tuve que ir al río subida sobre los tacones”, rememora una de ellas con humor, que incide en que iban de esa guisa incluso a los incendios.
-”Yo creo que somos nosotras las que creemos que debemos estar demostrándolo todo todo el tiempo, porque en el Cuerpo nos valoran igual”, dice una de las guardias civiles más experimentadas de León, que añade que en muchas ocasiones es el propio complejo de las mujeres las que les lleva a pensar así.
-”Mira, moñas hay en todos los sitios, hay mujeres moñas y hombres moñas, y si te comportas como tal, siempre te van a dejar atrás”, añade.
La única teniente que hay en la Comandancia sostiene que en la experiencia de las mujeres en la Guardia Civil hay un poco de las dos cosas. “Han pasado 30 años, y yo tengo que decir que cuando he querido hacer algo, lo he hecho de la misma manera que cualquier compañero. Lo último, un curso de control de masas”, explica. La teniente explica que el único lugar vetado a las mujeres en la Guardia Civil es la Unidad Especial de Intervención, un equipo de élite integrado por 50 “superhombres”. “Es un grupo de intervención para toda España que entraña un extremo riesgo y gravedad y exige, por lo tanto, una cualificación física y mental altísima”, destacan. Además, en la Unidad Especial de Intervención todas las técnicas operativas son secretas.

¿Y los ascensos? Todas ellas excepto una aseguran que cuando pudieron ascender rechazaron esa oportunidad. “Un ascenso supone siempre un cambio de destino, dejar a tus hijos...”, manifiesta una de ellas con el asentimiento generalizado del resto.
-”El rol familiar sigue siendo el de la mujer. No sabes lo que es salir de casa a la una de la mañana para una intervención y que tu hija te diga 'por favor, mami, vuelve a casa'”
Sin embargo, aseguran que en la Guardia Civil no hay discriminación, ni en sueldos, ni en ascensos, ni en destinos. “Yo me llamo Belén, pero soy guardia civil. Quiero decir con ello que podría llamarme José Carlos, porque todo el mundo me trata como un campañero, sin más. Nunca me han hecho de menos y creo que nuestra responsabilidad como mujeres es huir de los estereotipos, que nos perjudican”, asegura.

Una guardia civil en la escena de un crimen. GUARDIA CIVIL

Todas ellas coinciden en algo fundamental: “Somos el primer escalón que ve el ciudadano y nosotras tenemos más sensibilidad”. Afirman que el miedo no va con ser hombre y mujer. “Es cuestión de personas”, manifiesta una de ellas, una sargento cuyo primer destino fue Durango. De hecho, ella y su familia sufrieron el terrible atentado en la casa cuartel. “En realidad, cuando les conoces, te dan pena”, dice, una opinión compartida por otra guardia civil, que cinceló su 'oficio' durante los años de plomo de ETA en Intxaurrondo. “Me daba lástima la vida de miserables que llevaban”...

Las entradas que la policía judicial realiza en los domicilios son una de las ocasiones más peligrosas para cualquier guardia civil. Y allí es donde precisamente se hace más valiosa la participación de las mujeres. “A veces, nosotras vamos por delante para que te abran la puerta”, manifiestan y aseguran que en otros casos son el 'cebo' para que una determinada operación resulte exitosa. Un ejemplo tuvo lugar en el Camino de Santiago, donde una de ellas se camufló de peregrina para lograr la confesión de una banda de criminales. “La Guardia Civil no puede trabajar sin mujeres y nos necesita por razones operativas”, sostienen.

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