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81 años de la ii república | entre la memoria y la reivindicación

«Yo fui preso en San Marcos»

Aerle busca, para un libro memorial, testimonios de personas recluidas en el campo de concentración de San Marcos de León entre 1936 y 1940 .

 

Fidel Martínez Rodríguez en una foto tomada el verano pasado, sentado en su casa de Sotillos de Sabero. - jesús f. salvadores

ana gaitero | león
14/04/2012

«De San Marcos puedo contar lástimas y crímenes. Yo fui preso allí. Nos entregamos en Fierros, después de caer el Frente Norte, y la noche que llegamos desde Asturias nos metieron a 67 o 76, no recuerdo bien, en la carbonera: en una noche se asfixiaron una docena y si seguimos allí, a la noche siguiente morimos todos».

La voz de este relato sangrante es de Fidel Martínez Rodríguez, vecino de Sotillos de Sabero. Fue una de las 15.000 personas que, como mínimo, estuvieron recluidas en San Marcos entre 1936 y 1940, período en el que el antiguo hospital de peregrinos y actual parador fue convertido en campo de concentración para encarcelar a personas perseguidas por el bando de los sublevados con Franco. Muchas, casi dos millares, fueron paseadas y fusiladas en Puente Castro.

Fidel Martínez y sus compañeros libraron gracias a la piedad de un guardia civil. «Esto no puede ser, dijo, me comprometo a que esta noche no estéis aquí. Y así fue. Por eso siempre digo que no todos los guardias civiles son malos», apostilla.

Aquel gesto decisivo fue una excepción. «Nos dejaron desnudos. A mí me robaron una pelliza que había comprado en Santander y a mi hermano los zapatos. Llegó una sobrina con dos panes de a kilo y una libra de chocolate y se los quedaron», agrega. Las noches en San Marcos eran de miedo: «Todas las noches sacaban a gente a fusilar. Estamos vivos de carambola», cuenta.

La Asociación de Estudios sobre la Represión en León (Aerle) busca testimonios de estas personas para completar un libro memorial sobre el campo de concentración. El proyecto San Marcos: el campo de concentración desconocido forma parte del programa de subveciones destinadas a actividades relacionadas con las víctimas de la Guerra Civil y del franquismo correspondientes al 2011.

En concreto, tiene asignada una subvención provisional de 29.000 euros y uno de sus compromisos es concluir la fase de recopilación de información y testimonios a finales del 2012. «Cada vez quedan menos personas vivas aunque fueron muchas las que pasaron por San Marcos y es difícil dar con ellas», subraya el presidente en funciones de Aerle, Felipe Alfonso.

El objetivo de este libro es «retratar cómo fue la vida de los presos en el campo de concentración y sacar un censo lo más aproximado posible con nombres y apellidos de las personas que estuvieron allí recluidas», explica. El libro se publicará junto con un CD en el que aparecerá un listado con los nombres y referencias biográficas y del expediente personal de represión.

Miles de expedientes

Aerle registró a más de 20.000 personas represaliadas en León, no sólo en San Marcos sino en las cárceles civiles y militares que hubo en la provincia. Este fichero está disponible al público a través del archivo Pares del Ministerio de Educación y Cultura. Además, ha digitalizado 12.000 expedientes de personas represaliadas que custodia el Archivo Militar de El Ferrol.

Muchas de las personas que estuvieron recluidas en San Marcos fueron trasladadas a otros centros, desde el cuartel de Santocildes en Astorga a campos de concentración improvisados. Fidel Martínez Rodríguez fue uno de los que pasó de San Marcos a la cárcel de Valencia de Don Juan: «Allí llenamos la barriga con aquellas sopas de ajo que nos dieron. Después, se jodió... A pasar hambre». También penó en Galicia y luego en Burgos, en una cárcel masificada: «Tenía capacidad para 800 personas y estábamos 5.000. No se podía dormir de tumbao. Fue el caos». También cumplió condena trabajando forzosamente en las minas de Figaredo.

A sus 97 años, siempre está dispuesto a hablar y a mostrar sus heridas de guerra, la cicatriz de una metralla en la pierna derecha. «Ahora tampoco estamos bien, entre la crisis y el mal tiempo... a ver si aguantamos», concluye.

   
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