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LEONESAS DE AYER Y HOY | EDELMIRA MARTÍNEZ PULGAR

«Las primeras policías locales reivindicamos los pantalones»

 

RAMIRO -

06/02/2018

ana gaitero | león

Edelmira Martínez Pulgar, luniega de nacimiento y leonesa de pro, es la número 2 de la Policía Local de León. Con casi 36 años de servicio, la mayor, nombre oficial del cargo que ostenta, es, además del mando que sustituye al intendente jefe, quien realiza las funciones de dirección de servicios y planificación.

Martínez entró en el cuerpo en junio de 1982. Fue la primera promoción que abrió las puertas a las mujeres en la entonces Policía Municipal de León. «Eran 25 plazas y entramos seis mujeres», puntualiza. Ya había mujeres en otras policías locales —la primera fue la cordobesa Delfi Tapia en 1970— pero seguramente una apuesta personal del alcalde, Juan Morano, incorporó a las leonesas a la Policía Municipal como «síntoma de progreso», tal y como afirmó en la prensa.

En la calle oían de todo, incluso «algunos que nos mandaban a casa a fregar», recuerda. Y en el cuartel notaron desde el primer día que «nos trataban como si fuéramos más débiles: ellos salían de uno en uno y a nosotras nos mandaban acompañadas». Pilló tan de sorpresa el cambio que ni siquiera había baños para mujeres en aquel cuartelillo de la Plaza Mayor y tuvieron que hacer obra a toda prisa.

Las mujeres llamaban la atención y no era para menos. «Nos pusieron un traje de falda muy mono, como de Burberrys, y unos gorros que en lugar de policías parecíamos azafatas», recuerda la mayor. Pero no les duró mucho. Desde el primer momento, apostilla Martínez, «reivindicamos que nos trataran igual y que nos dieran pantalones porque eran más cómodos».

Hacerse valer en un cuerpo masculinizado no ha sido un camino fácil. Desde aquella primera promoción suman 16 mujeres las que han entrado en la Policía Local en León y han pasado 36 años. Actualmente son 12 —una se ha jubilado por edad, otras dos están de baja y la cuarta que falta es Raquel Gago, en prisión por el asesinato de Isabel Carrasco— y la plantilla total suma 208 agentes. «Muy pocos», dice tajante pensando en el trabajo que hay que distribuir y todas las contingencias que se presentan cada día. Y «muy pocas», añade.

Edelmira Martínez no es policía de vocación, pero de hecho su oficio se ha convertido en su vida. Nacida en La Vega de Robledo, uno de los pueblos que se salvó del pantano, en el municipio de Sena de Luna, de pequeña vino con su familia a León. Estudió en el instituto femenino y después hizo Magisterio.

Preparaba las oposiciones para maestra «pero en casa había necesidad de que trabajara y me hablaron de que salía esta oposición», comenta. Así fue como cambió la pizarra por el uniforme. «Nunca en la vida había mirado para un policía», asegura, y ni mucho menos se imaginaba que se le llevaría bien con el arma reglamentaria: «Soy una fenómena», afirma.

De haber seguido en la calle no cree que hoy permanecería en la Policía Local. Optó por la promoción interna y prueba tras prueba ascendió de agente de calle a oficial, luego a subinspectora e inspectora y por último a mayor. «Tengo fama de dura, no me dejo pisar pero me ablando enseguida y si se la quiero guardar a alguien cuando llega el momento no me acuerdo, paso página», asegura.

En estos treinta y seis años, la Policía Local ha vivido un cambio espectacular. No tanto por el acceso de la mujer como por la dotación de más medios y la irrupción de las nuevas tecnologías: «Cuando empezamos éramos una plantilla de 70 policías y se hacían los servicios a pie. Hoy hay cuatro o cinco coches repartidos por todo León y llegan a cualquier punto en un momento», explica.

«Antes se sacaba el trabajo como se podía. Nos comunicábamos con las emisoras y para pasar una orden a un policía había que llamar a la central, ahora tenemos la comunicación directa o el móvil del agente», agrega. L

La uniformidad tampoco tiene nada que ver con sus primeros tiempos como agente de calle. Y no sólo porque las mujeres lleven pantalones, al igual que los hombres. «Ahora tiene unas características especiales para no pasar frío», aclara.

Edelmira Martínez ha trabajado con siete alcaldes y una docena de concejales. En todo este tiempo tan sólo una mujer, la socialista Natalia Rodríguez Picallo, ha estado al mando directo de la Policía Local. «Me he llevado bien con todos y también con ella que, quizá por ser mujer, tampoco lo tuvo fácil», apostilla.

«Se ha avanzado mucho, como dice mi madre: antes no mandábamos como ahora. Y se avanzará más pero la igualdad hay que pelearla cada día. Hoy por hoy, el hombre siempre tiene que poner la puntilla», sentencia.

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