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LEONESAS DE AYER Y HOY. JUANITA CRUZ DE LA CASA

La mujer que ‘toreó’ la ley y se lanzó al ruedo en León

 

galán (cortesía de la familia) del libro ‘primeras imágenes taurinas de león’ -

12/12/2017

ana gaitero | león

Juanita Cruz de la Casa (Madrid, 1917-1981) tenía solo 15 años cuando se lanzó al ruedo en León. Fue en la plaza del Petardo —en las inmediaciones de la actual plaza de la Inmaculada— y en una memorable tarde de feria de San Juan en la que cortó una oreja y fue felicitada, en lugar de ser detenida, por el gobernador civil. Y es que Juana Cruz no sólo toreó a dos becerros, sino que burló a la propia ley que, desde 1908, prohibía a las mujeres ejercer el oficio de la lidia.

La «novedad de las señoritas toreras» se presentó en el Diario de León como «una becerrada charlotesca». Lo cierto es que aquella hazaña, abrió los callejones y cosos taurinos a las mujeres españolas. La publicación de la crónica enojó al ministro de Gobernación, el galleguista y republicano Santiago Casares Quiroga, amigo personal del presidente Azaña, y prohibió a la jovencísima diestra torear en todas las plazas.

Pero Juanita Cruz no se amilanó y en febrero del año siguiente volvió a rejonear en Cabra (Córdoba). Se amparó en la Constitución de la República, que reconocía la igualdad y también la libertad de elección de profesión. Finalmente, en 1934 el entonces ministro de la Gobernación, Rafael Salazar Alonso, republicano radical, autorizó el toreo a pie de las mujeres. La aguerrida torera debutó con picadores el 5 de mayo de 1935 en Granada.

De la faena de Juanita Cruz en El Petardo. la misma plaza donde Durruti arengó a los obreros leoneses tras proclamarse la República, el cronista afeó la calidad de los becerros, a los que tildó de «becerretes», y tampoco dejó en buen lugar a la joven torera: «Nuestra impresión es que esta señorita aprendió a torear en una escuela de tauromaquia, y por su falta de práctica ni juega los brazos, ni templa, ni manda... pero tal vez aprenda. En su honor, he de decir que estuvo más valiente que ninguno de sus acompañantes».

Peor parados salieron los banderilleros, a los que llamó «indocumentados» y sus ayudantes y compañeros. De hecho, no sólo el gobernador llamó a la torera al palco para felicitarla, sino que el público «la ovacionó y pidió la oreja que fue concedida», aunque el cronista se empeñara en atribuirlo más a la galentería de la afición que a los méritos de la rejoneadora. C., como firma el anónimo crítico, no desaprovechó oportunidad para desacreditarla: «Esta vez consiguió permiso para matar y muy rabiosilla, la señorita Cruz hace una faena en dos tiempos dando algunos pases de pecho y por alto aceptables, siendo ovacionada. En uno de ellos fue derribada, pisoteada, etc. pero muy sonriente se levantó y fue (sic) derecha a su enemigo nuevamente, del cual dio fin de media estocada en su sitio dada con habilidad».

Manuel C. Cachafeiro Ruiz apunta en el libro Primeras imágenes taurinas de León que la crónica del diario provincial choca con la versión que dio de esta corrida el marido y valedor de Juanita Cruz en las memorias que escribió sobre esta pionera del toreo en España. El 2 de abril de 1936 se estrenó por todo lo alto en la plaza de las Ventas. El cartel de la tarde lo componían también ‘El niño de la estrella’, Manuel Cirujeda y Félix Almagro.

Poco duró la alegría de las mujeres toreras en España. Juanita Cruz, que era republicana, se exilió durante la guerra civil a raíz de la nueva prohibición del toreo femenino. Se fue a Venezuela y siguió su carrera por Latinoamérica. En 1938 debutó en la capital de México y se cuentan en su carrera profesional por los ruedos más de 700 corridas de toros. En alguna llegó a tener de compañero al legendario Manolete.

Juanita Cruz siempre usaba la falda para torear, algo que le valió las críticas de sus compañeros que exigían que vistiera la clásica taleguilla, el traje de rejoneadora. Se retiró en 1945 tras una grave lesión que sufrió en la plaza de toros de Bogotá y al acabar la II Guerra Mundial, cambió su lugar de residencia por Francia, donde estaba exiliado su hermano, país donde toreó por última vez. Posteriormente, regresó a España donde vivió en el anonimato.

Una lesión en el corazón, que arrastraba desde tiempo atrás, acabó con su vida el 18 de mayo de 1981. Su epitafio tiene toda la pinta de haber sido meditado y decidido con mucha antelación: «A pesar del daño que me hicieron en mi patria los responsables de la mediocridad del toreo en los años 1940-50... ¡Brindo por España!».

Con estas palabras, que están escritas en su lápida mortuoria en el cementerio de La Almudena, dejó constancia para la posteridad del dolor que le produjo tener que dejar su país para poder seguir su camino como torera. Todo un carácter, Juanita Cruz. La mujer que toreó la ley en León y se lanzó al ruedo.

Juanita Cruz es una leyenda del toreo que permanece viva cien años después de su nacimiento y 765 desde que tomó la alternativa en León. Un restaurante madrileño de moda, que tiene mini-burger de rabo de toro en la carta, fue bautizado con su nombre.