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Vinos de su puño y letra

«Longitud, longevidad, amplitud»

Isidro Fernández Bello
Casar de Burbia

Autor de algunos de los bierzos más celebrados, está ahora en el empeño de hacer blancos de alta escuela. Y eso en la bodega en la que los tintos son santo y seña y la Mencía una profesión de fe. Los ‘Casar de Burbia’, ‘Hombros’ y la serie de los ‘Tebaida’ son embajadores del Bierzo en el mundo.

 

Isidro Fernández, entre las tinasde elaboración, ahora tambiénde roble, ylas barricasen la cavade su bodegaen Carracedelo. - B. FERNÁNDEZ

Rafael Blanco
11/01/2013

Nuestra idea es hacer vinos de arriba, de terrenos muy poco evolucionados, vinos más largos y de mayor recorrido. Necesitamos más tiempo de botella porque eso va a darles mayor complejidad. Nuestro reto es hacer vinos que siempre estén abiertos y que puedan entenderse con facilidad, pero que al mismo tiempo —y eso parece una contradicción— sean vinos de mucho terroir». Isidro Fernández Bello es un autodidacta del Mencía en continua formación. Ingeniero agrónomo «de Armunia» —inevitablemente tenía que serlo, por la dedicación familiar a la fruticultura—, vive en continua inquietud por cómo hacerlo mejor en la vendimia siguiente. No mejor, sino lo mejor posible. Tiene la suerte de que la familia, con su padre Nemesio a la cabeza, también está en ello. En realidad siempre ha estado en ello.

«Hay mencías anchos y largos. Estamos en la idea de los segundos pero hacemos también de los primeros, porque en el momento en que lleguemos a la homogeneización absoluta, estaremos perdidos. Tiene que haber diferenciación de la zona. El Bierzo da para eso... Los tiempos no corren a favor de esta idea, pero el mundo es cíclico y, frente a ello, nosotros, sin renunciar a nada y sin que parezca una contradicción, nos mantenemos en la idea de buscar vinos que tengan longitud, longevidad y amplitud, es decir: que no se olviden, que mantengan los aromas en el tiempo y algo muy necesario: que el tiempo los mejore», reflexiona el autor de algunos de los bierzo más celebrados.

«En ese sentido, el Tebaida Nemesio —tributo al mentor del sueño enológico de su hijo— es nuestro antiestilo: muy arcilloso, con expresión floral por encima de la mineral... Un vino más ancho». En el polo opuesto estaría, siguiendo esa línea argumental, el Tebaida Nº 5, el que bebe de ese pago del viñedo de Valtuille de Arriba: «Es un vino que enamora a lo largo, es decir, en el recuerdo, frente al Tebaida Nemesio que es un vino de impresión. Supone un salto cualitativo en la capacidad de elaboración de la bodega que lo sitúa entre los cuarenta mejores del país. Un vino largo siempre va a tener más aspiraciones en el tiempo».

Los Tebaida, altos de gama de la bodega, han dado a Casar de Burbia el mayor crecimiento de ventas de esta sociedad familiar precisamente en el momento más crítico para el sector, señalando de manera inequívoca el camino a seguir hace tiempo apuntado ya por el propio Fernández Bello, eternamente seducido por el aprendizaje de todo aquello que tenga que tenga que ver con la viña y la bodega y ahora empeñado en nuevos y sorprendentes proyectos relacionados con el uso de la madera y el tratamiento de las uvas: hay 250.000 metidas una por una en una barrica de 600 litros que liberan aromas... inquietantes.

   
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