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«Mencía: la amas o la detestas»

José Antonio García García
José A. García Viticultor

«Hay gente enamorada y hay detractores. La amas o la detestas. Pero lo que está claro es que la Mencía no deja indiferente a quien la prueba». José Antonio García, viticultor de nuevo cuño, es de los primeros y actúa en consecuencia en una pequeña bodega de la que ya salió el primer gran vino.

 

José Antonio, en la zona de elaboración dela microbodega que ocupa el bajo de la casa familiar en Vatuille de Abajo. - B. Fernández

Rafael Blanco
19/04/2013

Santos García fue históricamente uno de los viticultores más reconocidos de Valtuille de Abajo. Cuidaba hasta no hace mucho cepas que ahora tienen entre 75 y 110 años y vendía esa buena uva de Mencía, Garnacha, Doña Blanca, Palomino, Malvasía... o bien elaboraba graneles ya entonces muy apreciados.

La necesidad de buscar otra vida empujó a la siguiente generación a la emigración, pese a no perder nunca el contacto con le viña. José Antonio García García es nieto de Santos. Nació e hizo vida en Barcelona, hasta que tres años atrás sintió la necesidad de reinterpretar su guión personal. Abandonó la hostelería y la creatividad en la cocina, que tan reiteradamente le viene a la memoria por el paralelismo con la enología, se acomodó en la casa familiar de Valtuille y se hizo cargo de los 75 parcelas que con tanto mimo había cuidado su abuelo. Le gusta y defiende ese reparto minifundista de la propiedad que «va ligado a la personalidad del Bierzo». «Cada sitio tiene sus peculiaridades y hay que respetarlas. Si hay minufundio, lo hay. Y eso, en estos momentos en los que el mercado busca pequeños productores y vinos diferenciados, debe ser visto como una ventaja», explica.

Esas seis hectáreas de viñedo familiar y otras cuatro de las que se ha hecho cargo y tres años de concienzudo trabajo escuchando los mejores consejos y asumiendo las mejores prácticas en la viña y en la bodega lo recondujeron a la actividad que ya desarrollaba la familia de su padre en Corullón y la de su madre allí, en Valtuille de Abajo.

Viñas aradas, viticultura respetuosa con el medio, cobertura de suelo, nada de sistémicos y sólo azufre y cobre, vendimia a primera hora, selección en la propia cepa, levadura autóctona en la bodega, fermentación en acero y maloláctica en barrica y, claro, la mejor elección de roble. El aliño de todo ello es el trabajo exclusivamente familiar —de él y de su pareja— en la viña y en la bodega, ubicada ésta bajo la propia vivienda familiar y concebida como «microbodega», una idea que el mentor defiende con argumentación y gran firmeza.

También su idea del vino: Mencía sin renunciar a otra posibilidades, pero Mencía por encima de todo y de momento sólo con una muy medida crianza en barrica. El resultado de esas convicciones es un Aires de Vendimia de la del 2011 —magníficamente presentado en botella de tipo borgoña, lacrada— que ha permanecido once meses en madera y que sale al mercado con una producción limitada —3.600 botellas— y numerada, bajo la certificación de la Denominación de Origen Bierzo. La previsión sobre la vendimia del 2012 elevará esa producción hasta 4.500 botellas y el horizonte de la bodega se sitúa en diez mil.

Por ahora sólo saldrá ese vino de la microbodega, aunque hay más vinos en ella. Por ejemplo, un joven Mencía del 2012 de buena factura y dos ensayos en barricas de 300 litros con Doña Blanca y Garnacha. Se trata de ir «poco a poco», retomando «la filosofía de antes: hay dinero, se hace; no lo hay, se espera. Lo que hay que hacer en estos momentos y tal y como está el sector es minimizar los riesgos».

La Mencía es también en este caso una profesión de fe: «Cuando conoces otras variedades te das cuenta de la tipicidad que la diferencia y la distingue de todas ellas. Pero tenemos que evitar machacarla con la madera, porque eso nos permitirá recuperar la esencia de la variedad: la expresión, la fruta, la frescura, la elegancia... Y cuando pruebas otros vinos te das cuenta de que les acaba faltando algo de todo eso».