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Audi A8. Tecnología… futurista

Los últimos avances de la marca, el futuro de la categoría superior. Salto hacia la conducción autónoma, pendiente de legalización en España hasta 2019. Líneas elegantes y armoniosas que vuelven a convertir al A8 en referencia de segmento por, entre otras cosas, el sistema de propulsión electrificado. A partir de 97.500 euros (V6 TDI de 286 CV).

 

Audi convierte al A8 en un ‘salón rodante’. Innovaciones como la pantalla táctil (10,1 pulgadas) en la que puede ‘dibujarse’ con el dedo la entrada a las aplicaciones, unas ‘panorámicas’ plazas traseras (32 milímetros m - AD

Líneas elegantes y armoniosas en el nuevo A8, con un ‘musculado’ frontal y una perfilada línea de techo. - AD

JAVIER FERNÁNDEZ
21/10/2017

Órdago tecnológico… El A8 se convierte en el primer automóvil de producción del mundo desarrollado para una conducción altamente automatizada, también electrificada.

Y no sólo… un concepto innovador de pantalla táctil, un sensor solar que optimiza la climatización, suspensión neumática de serie (adaptativa en cuatro alturas), tracción a las cuatro ruedas y, opcionalmente, dirección a las cuatro ruedas.

Eso, y la segunda generación del cambio Tiptronic de 8 velocidades (convertidor de par, sin doble embrague), que adopta una nueva puesta a punto en el sistema de inserción de velocidades tras la «marcha por inercia», con lo que se consigue una rapidez de cambios más propia de modelos deportivos que de una berlina de representación, sobre todo si se utiliza en modo «Sport».

La utilización de acero de alta resistencia, aluminio, magnesio y fibra de carbono, propician un 24% más de rigidez a la estructura del nuevo A8 en referencia a su antecesor lo que, además, trae aparejada una contenida ‘romana’: entre 1.920 (55 TFSI) y 1.975 kilos (50 TDI). Y eso que el sistema Quattro es ahora algo más pesado, aunque también más eficaz.

La cuarta entrega del A8, cuenta en su catálogo con dos versiones de carrocería: corta —es un decir…— de 5,17 metros y otra larga de 5,34; o sea, un coche grande, quizá pensado —seguro— para mercados ‘globales’ (EE. UU. Y China fundamentalmente), lo que tampoco excluye —¡sólo faltaba!— a la generalidad de mercados mundiales.

Una cosa está clara: el A8 se lanza —llegará a principios del invierno— como una suerte de escaparate tecnológica para el fabricante de los Cuatro Aros: liderazgo en electrificación y en conducción autónoma, que Audi traduce en el asistente de conducción en atascos («Al Traffic Jam Pilot»), una suerte de ‘piloto automático’ para utilización en las caravanas que se producen en las autopistas y que solamente funciona hasta 60 Km/h. siempre, eso sí, que la vía cuente con mediana de separación entre los carriles de ambos sentidos. El conductor puede activarlo pulsando el botón AI (‘inteligencia artificial’) que se ilumina en verde en el centro del cuadro de instrumentos y que ‘permite’ al coche frenar, acelerar y girar el volante. Con todo, el conductor deberá permanecer en su puesto por si el sistema ‘solicita’ retomar los mandos aunque, eso sí, el usuario podrá leer, ver una película a trabajar con el ordenar… frente al volante.

Y otra primicia: en caso de accidente, la función de conducción autónoma «nivel 3» exonera de responsabilidad al conductor, que será asumida por el fabricante.

Más de ‘pies al suelo’, la cuarte generación del buque insignia de Audi hace gala de una ‘potente’ imagen estética, en una sugestiva combinación tan clásica como vanguardista: ‘musculada’ carrocería, frontal con parrilla «Singleframe» más ancha, faros delanteros «Matriz LED» (giran en las curvas por impulsos electrónicos, sin mover las ópticas), perfilada línea de techo que subraya el aspecto deportivo del coche, zaga suavemente inclinada, generosos pasos de rueda como símbolo de la tracción Quattro.

En el interior, un habitáculo ‘salón rodante’ que crece 32 milímetros en longitud en ambas versiones de carrocería y que, entre otras cosas, permite disfrutar de adelantos como una pantalla táctil (10,1 pulgadas) en la que se puede ‘dibujar’ con el dedo la primera letra de cada función para acceder a las aplicaciones, incluida la navegación. Incluso pueden activarse muchas de las funciones ‘conversando’ con el coche, merced a una nueva forma de control por voz y, si es necesario, el ingenioso gestor de ‘diálogo’ hace preguntas y permite correcciones. El volante multifunción y la instrumentación digital «virtual cockpit» —de serie— completan el concepto de manejo y control.

También la aplicación «Al Remote Garage Pilot» permite al conductor ‘estacionar’ el A8 desde el exterior del coche, con cualquier smartphone y merced a 24 sensores que acaban por crear una «red neuronal» adaptada a cada situación.

El abanico mecánico del A8 ofrece, en primicia, un grupo motopropulsor electrificado: los motores adoptan tecnología «mild-hybrid» de hibridación ligera (MHEV), con un alternador accionado por correa (BAS) y una batería de iones de litio (10 Ah de capacidad), que permite circular en «marcha por inercia» modo eléctrico (motor de combustión apagado) entre 55 y 160 por hora (rebaja 0,7 litros el consumo). Tan pronto como el conductor pisa de nuevo el acelerador, el BAS propicia un arranque rápido y suave.

El catálogo incluye dos V6 turboalimentados y completamente rediseñados: el 3.0 litros 50 TDI (turbodiésel de inyección directa) de 286 CV y el gasolina de inyección directa con idéntica cilindrada 55 TFSI que rinde 340 CV. El turbodiésel cuesta 97.500 euros (100.400 la versión larga), mientras el precio del gasolina es todavía una incógnita… por desvelar.

El próximo año 2018 llegará el 4.0 TDI, el 6.0 W12 y un híbrido enchufable, todos ellos unidos a la tracción total Quattro.

En suma, que Audi sube un peldaño tecnológico —o más— con la cuarta entrega de su buque insignia A8.

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