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Citroën… centenario a la vista

De momento… 70 años del 2CV y 50 del Méhari. Los dos iconos del ‘chevron’ calientan motores… para los ‘cien’ el próximo año. Aprovechando para dar a conocer el proyecto «TPV» de 1939, prototipo que daría origen al 2CV.

 

Citroën… centenario a la vista - ct

Citroën… centenario a la vista - ct

Javier Fernández
24/02/2018

Centenario… a la vista. Salón de París, 1948. Citroën desvela el 2CV al mismísimo Président de la République, Vicent Auriol, dejando con la ‘bouche bée au publique’…

Mientras hay quienes se burlan de la original silueta, otros ven en ella todas las cualidades de las que aún carecían la mayoría de modelos en la época: sencillez, ligereza, agilidad, confort, versatilidad…

Desde los primeros días de su puesta de largo en la muestra parisina, el gran número de pedidos acabaría por dar la razón a la marca y a sus visionarios diseñadores.

André Lefebvre, director de la Oficina de Diseño de Citroën, equipa el 2CV con una serie de —entonces— ingeniosas tecnologías: tracción delantera, suspensión flexible de gran recorrido (atravesar un campo recién arado con una cesta de huevos en el asiento trasero… sin romper ninguno) y motor bicilíndrico refrigerado por aire, entre otras aplicaciones.

Así que, la ‘Cirila’ —en ‘español’… ¿recuerdan?—, acaba por convertirse en todo un fenómeno social: es el coche tanto de los agricultores como de las familias y los estudiantes, completando una dilatada trayectoria de 42 años, y superando los 5,1 millones de unidades vendidas –incluyendo furgonetas— hasta 1990. Todavía hoy, el ‘Dos Caballos’ continúa siendo un icono de la historia del automóvil, codiciado por innumerables coleccionistas en todo el mundo.

Precursor del 2CV, el proyecto TVP —‘Toute Petite Voiture’— nacía en 1936 con el objetivo de hacer del automóvil un producto «para todo el mundo»: útil para el trabajo agrícola y accesible para las clases populares, justo en una época en la que todavía —el automóvil— se consideraba «artículo de lujo». La sencillez, su ‘frugalidad’ de consumo e ingeniosas soluciones técnicas, debían combinarse —y se combinaron— al servicio de un único objetivo: «transportar a cuatro personas y 50 kilos de patatas o un barril», a 60 por hora de velocidad máxima.

Consecuencia: 370 kilos de ‘romana’ en vacío y un tercio menos de coste que el otro icono del momento, el 11 CV Traction, ‘Pato’, por entendernos. Y con un solo faro, porque la legislación de la época ni siquiera requería dos…

En 1939, ya estaban listas 250 unidades pre-serie para el Salón del Automóvil de París… aunque todo se va al traste al estallar la II Guerra Mundial. Los coches se destruyen deliberadamente —o se esconden despiezados—; sólo cuatro de ellos han llegado hasta nuestros días, incluida la unidad restaurada que Citroën guarda celosamente en su colección ‘particular’. Los otros tres, se encontraron en 1994 en el inaccesible granero de una propiedad situada en el «Centro de Pruebas de Citroën» (La Fertré-Vidame).

Una historia… de lo más sugestiva.

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