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Conducir un Alpine… es pilotar la Historia

Consagrado en Dieppe… confirmado por el mundo. Lo que empezó como una ‘derivación’ del modesto 4/4, acabó por convertirse en icono del XX… con proyección al XXI. Por 61.500 euros, la ‘reencarnación’ A 110 cumple, sobradamente, con las expectativas. La Berlinette vuelve a convertirse… en objeto de deseo.

 

ZARDÓN -

ZARDÓN -

javier fernández
08/09/2018

Deportividad… rediviva. 1951, norte de Francia. Un pequeño —‘artesanal’— concesionario se lanza a las carreras. Cuatro años más tarde… cuajaba la marca. Medio siglo —bien cumplido— después… vuelve la magia.

De fibra de vidrio a sofisticados ‘composite’; de motor trasero ‘colgado’ por detrás del eje a central trasero; tan sencillo como competitivo… ligereza sugestiva.

Las ‘ratoneras’ rutas alpinas le dieron nombre, su agilidad forjó la leyenda. Los 1.100 kilos de su actual romana mantienen viva la iconografía: el conductor solidarizado con la máquina, el Alpine evolucionando en el corazón de los incondicionales, y de quienes puedan serlo hoy —las nuevas generaciones… también—.

¿Sabían que algunos de aquellos soñadores ingenieros de Dieppe, han vuelto a involucrarse hoy? Como se lo cuento…

‘Sólo’ hacía falta modernizar —un pelín— el inicial concepto, nada que no se supiese de antemano: optimización de las suspensiones para que —también como entonces— el A 110 del XXI sirviese —y bien que sirve— tanto para el día a día como para gozar en las carreras; si a eso unimos una plataforma específica, un rebajado centro de gravedad y una —casi— total ausencia de balanceo… ¡ya está!

Y la guinda: una silueta tan reconocible, que no resultaría difícil confundirla con la original. De hecho, hay que tirarse —stricto sensu— en los baquet para, a renglón seguido, sentarse —materialmente— sobre el asfalto…

Sugerencia, de antañón Alpinista, para colocarse primorosamente —sin contorsiones circenses— en un habitáculo de ensueño.

Primero: alargue —infinitamente— la pierna derecha hasta rozar el acelerador. Segundo: asiente —la noble parte…— en la banqueta.

Tercero: introduzca la pierna izquierda —tampoco se descarta cierta ayuda para la rodilla— e incline ligeramente la tête —posible primer coscorrón… asegurado—.

Et voila… ya estamos dentro; a tope de adrenalina antes, incluso, de ajustarse el cinturón —¡pena de arnés!— y de accionar el botón de arranque. Cuando lo presionemos… ¡la locura!




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