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Seat. ¿Pintamos un coche…?

1.000 litros de pintura para una sinfonía de colores. Tres años ‘de viaje’… desde la creación hasta que un color toma carta de naturaleza en la carrocería. 84 robots pintan los coches y un escáner confirma que la aplicación de la pintura sea uniforme.

 

Seat. ¿Pintamos un coche…? -

Seat. ¿Pintamos un coche…? -

JAVIER F. ZARDÓN
10/02/2018

Personalización y sensibilidad… para captar tendencias. Un viaje —de tres años— que realiza el departamento ‘Color&Trim’ de Seat, que nace con un estudio de mercado y finaliza con la aplicación de la pintura sobre el vehículo. Un proceso en el que la personalización acaba por consolidarse como «tendencia de futuro».

Un millar de días destinados a la creación de una nueva gama cromática…

Y ‘otro’ millar de litros de pintura para ‘la sinfonía’, con un equipo especializado inmerso en el análisis de las tendencias de mercado, para acabar proponiendo la paleta de colores de los modelos que llegarán a los concesionarios: «Además de seguir las modas —afirma Jordi Font, ‘artista pintor’ en Seat— la definición de un nuevo tono es también algo muy intuitivo. Hay que ‘sentir’ el pálpito de la calle y plasmarlo».

La ciencia del Pantone se manifiesta en un laboratorio, donde se realizan las mezclas que convertirán el trabajo de creación de un nuevo color en un ejercicio puramente químico: hasta 68 combinaciones posibles comporta la ‘paleta’ del nuevo Arona. Y hasta un centenar de variaciones de un mismo color con la mezcla de cincuenta pigmentos distintos —y partículas metálicas— para ver cual es el matiz que mejor encaja.

Colores, en suma, cada vez más sofisticados, y personalizados, en la filosofía estética del fabricante.

A renglón seguido —de la formulación matemática a la realidad— una vez los técnicos han definido el color, hay que probarlo sobre una chapa para ver cual es el efecto visual que se produce, también para constatar si resulta satisfactoria su aplicación práctica; comprobación de matices, profundidad del tono en piezas expuestas a la luz solar y a la sombra, asegurándose que el color ‘real’ se corresponde con el teóricamente diseñado.

Ya en el taller —‘quirófano’ en el que ‘operan’ 84 robots—, se pintan los coches entre 21 y 25 grados de temperatura: dos kilos y medio de esmalte, en un proceso totalmente automatizado en el que, además de los 84 robots, se emplean seis horas de trabajo por coche.

Las cabinas de pintura disponen de un sistema de ventilación similar al de los quirófanos, para evitar que entre polvo del exterior impidiendo, así, que se depositen impurezas sobre el coche recién pintado. Siete capas, en total, finas como un cabello y resistentes como una roca, que se secan en un horno a 140 grados.

Al final… bastan 43 segundos para que un TAC compruebe que no existen anomalías en la aplicación de la pintura. También un escáner revisará la uniformidad y que no haya impurezas.

   
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