27/04/2009 PEDRO GARCÍA TRAPIELLO
RECORDARÁS que a Ava Gadner, en una de sus visitas a España, la llevaron a los toros, se prendó del que bailaba con el bicho y con la muerte, se interesó por él (era Dominguín) y se lo acabó llevando a la piltra del hotel de lujo; el torero se disponía a abandonar la habitación nada más finalizar su faena de aliño y rabo, cuando la guapísima actriz le preguntó algo extrañada «¿pero a dónde vas?» y el matador le replicó alborozado algo así como «coño, ¿a dónde va a ser?, ¡a contarlo!»-¦
Pues me apunto al relato y no reprimo contarte nuestra última jornada en Nueva York, pues se nos plagó la jornada de gente guapa y de las caras del mito, aunque no nos pudieron presentar a Woody Allen en el festival de cine de Tribeca (estaba sepultado bajo nubes de amigos, fotógrafos, seguratas y bienvenidas en este regreso cinematográfico a su Manhattan después de cinco años de andar rodando por Londres, barcelonas y pénjamos).
En el descomunal rascacielos de la Time Warner (me encanta la palabra rascacielos, pero aquí les llaman torres) coincidimos en el gimnasio con René Zellweger (algo desmejorada la adorable actriz en este trance sudoroso y desmaquillado) y, una hora después, en el mall de la primera planta, con Demi Moore que andaba de compras con los suyos y la crianza. También es cierto que en ambos casos la cosa no pasó del escueto saludo en urgida presentación brindada por nuestra anfitriona neoyorkina, que después nos hizo rular por la dependencias y redacción de la CNN donde hubo que saludar a un tipo interesante que, al parecer, es una estrella de los informativos norteamericanos de la que no conocíamos ni el nombre, ni el forro (fue amable y se fue a lo suyo cagando mixtos).
Al acabar la jornada nos esperaba un conciertazo en el Lincoln Center. El fondo de escenario era una gigantesca cristalera que daba a la plaza Columbus, donde acaba el bosque de Central Park y empieza la grandiosidad de las moles) y sobre el piano, con voz de terciopelo y bossa nova, la maestría de Luciana Souza y la percusión de Cyro. Magníficos. En el mismo centro actuaban también dos monstruos que no pudimos saludar; nada menos que Chick Corea al teclado y John McLaughlin con esa guitarra que tantas veces se matrimonió con la de Paco de Lucía.
(continuará)
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