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Los abstemios brindamos

 

AL TRASLUZ. EDUARDO AGUIRRE
10/01/2017

Para cerrar con un brindis el IV centenario del fallecimiento de don Miguel me fui a la vermutería Cervantes, en la calle del mismo nombre. Una vez allí, pedí un refresco. «¿Le echaron de un puntapié?». No, amable lector, en esto del beber también hay diversas maneras de ser clásico. Hasta el agua del grifo sirve para brindar, pues lo que importa es aquello por lo que brindas. En una pizarra del local, una bella frase del escritor te recibe. Les sugerí que no dejen de plasmar las palabras con las que, en el prólogo de Persiles y Sigismunda, don Miguel se despidió consciente de que le quedaban cuatro días de vida, como así fue, ni uno más: «¡Adiós, gracias; adiós, donaires; adiós, regocijados amigos, que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida!». Gran mutis. Sobre la importancia literaria de esta novela, publicada de forma póstuma en 1617, hay división de opiniones entre los cervantistas; en cambio, el consenso es pleno acerca de la sobrecogedora belleza de su prólogo. Se marchó haciendo de nuevo gala de su humor con majestad, limpio de resentimiento, impregnado de perdón y de ternura. En la vermutería, brindé por él. Y lo hice con un refresco de cola. ¿Debo pedir perdón? En el Siglo de Oro no se bebía Martini.

Estoy leyendo Biografía de Sancho Panza. Filósofo de la sensatez, de Hipólito Romero Flores, quien ejerció la docencia en el Instituto de León, además de ser nombrado por Azaña gobernador civil interino. Tras la sublevación, sufrió encarcelamiento y depuraciones temporales, padeceres que no le despojaron de capacidad para percibir la bondad ajena. No sólo vislumbró la progresiva quijotización de Sancho y la sanchificación de don Quijote, sino la cervantización de ambos. Su libro fue elogiado por Josep Pla y merecería también ser más conocido en nuestra tierra. Y un brindis.

Lo importante es brindar, sí, no con lo que brindas. Aunque, pensándolo mejor, sobre ciertos temas no debes hacerlo con refresco. Decidido, hoy mismo me tomaré un vermú por don Miguel. Y otro, por don Hipólito. El siguiente, a la salud de todos los soñadores malparados. Y ya puestos, ¿me voy a ir sin brindar por dos migueles entrañables como Unamuno y Mihura?

   
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