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Y la abuela es Baltasar

 

AL TRASLUZ. EDUARDO AGUIRRE
03/01/2017

Antes, los padres nos hacían tres revelaciones trascendentales para nuestra vida adulta. La primera de ellas, descubrirnos que, en contra de lo que ellos mismos nos habían contado, no nos trajo una cigüeña sino la Biología. La segunda revelación, que los reyes magos eran ellos. «Imposible, si ni tú ni mamá tenéis barba. Ya. Y la abuela es Baltasar». La tercera, que iríamos a la mili. «Qué bien, me pido el despacho del coronel». Todas han quedado obsoletas Hoy el no va más de las revelaciones a la criaturita es desvelarle cuál es la contraseña de tu tablet. Todo ha cambiado. Para empezar, sus necesidades ya no son las mismas que las nuestras. Ya no piden chupachups sino veranear en Sotogrande. Y además añaden farrucos: «Y cómo no me compréis un móvil de última generación en este bloque sólo va a dormir de seguido el sordo del 7ºB». Los niños nos pirrábamos porque nos llevasen al circo, los de ahora por entrar en «Gran Hermano Júnior» y dedicarse después toda la adolescencia a hacer bolos. Ah, la cátedra Paquirrín. También los adultos hemos cambiado. Nuestros padres deseaban paz y prosperidad para el año entrante. Ahora, nuestros deseos para 2017 son que Trump sufra de hemorroides, y no pueda tomar posesión de la presidencia, o que a Pablo Iglesias se le raye su colección de Juego de Tronos. O viceversa, por supuesto. Cuánto mejor anhelar lo de siempre, que la Cultural ascienda y que el Barça baje.

No debe interpretarse lo arriba escrito como que cualquier tiempo pasado fue mejor. No, nuestro ayer también tenía goteras. Lo que sucede es que ahora el presente chirría. Necesita un arreglín. O mejor, dos.

A dichas tres revelaciones que nuestros padres nos hicieron en la infancia cabe añadir otras, que nos fueron descubriendo a lo largo de los años, estas ya sin palabras, mediante su ejemplo. Entre ellas, que su amor es incondicional, seamos el conserje de la empresa o el propietario. Por tanto, mi deseo para ti, lector, de cara a este 2017, es que, sea cuál sea tu edad, cuando te mires al espejo te sientas digno de ese amor que no cesa de guiarte, aunque ya no estén físicamente contigo. Ser dignos de tal herencia, con eso bastaría para tener un mundo mejor. ¿No les parece?

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