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LEÓN EN VERSO

Agosto del invierno más cálido

LUIS URDIALES

 

09/08/2017

Agosto es un placebo en medio del desierto de León; tan severo, tan extremo, agosto es un columpio para olvidar el destierro de la tierra prometida. Lo que regala agosto no se vuelve a ver en todo el calendario; las calles llenas, el bullicio y el jolgorio; el runrún del gentío; la sensación reconfortante de no verse solo en ese océano de marea alta que acontece otros once meses, con salvedades puntuales de los Santos, Navidades a veces, la Semana Santa de abril; agosto es impagable para cambiar el paso en esa sensación de desfile entre espectros de otra época que, desgraciadamente, sí fue mejor. Ya tardan las instituciones que reconocen méritos en conceder la medalla de oro y brillantes de la provincia a este mes; aunque sea a título póstumo, cuando caiga la hoja del calendario en ese anticipo de los ocres y amarillos del otoño, inevitables, como la muerte y los catarros de febrero. Merecida distinción para un momento de treinta y un días que se van en un suspiro. Por devolver a un estado de plenitud que obliga a caminar en muchedumbre la acera del matinal de Ordoño, la de la sombra, como que el centro de León fuese por un momento un nido superpoblado de la costa del Bósforo; como que no viva rodeado de un espacio en el que cuesta encontrar más de tres habitantes por kilómetro cuadrado; como que lo habitual no fuera encontrar los cafés a media mañana sin más ruido que el tintineo de la taza. De qué, si no fuera por agosto, iba a haber codazos por el pan, por la mesa del menú del día, por una silla en la esquina de la terraza. Agosto viene para hacer feliz a la gente, que en agosto ve gente sin necesidad de mirar al espejo. Agosto hace que León parezca otro sitio, pero no León, tan blindado a las emociones y estoico frente a la melancolía. Agosto se va a ir con esa sensación de nostalgia que deja el placer cuando no se encuentra. Antes, prestará a fondo perdido otros veinte días de posibilidades de vivir jornadas enormes que acaban al amanecer, con sus sombras largas y sus siestas que aplanan y hacen pensar que a septiembre no llegarán ni las fuentes ni los puentes; agosto vuelve a ser el invierno más cálido de nuestra vida. Agosto siempre será bueno cuando no se recuerde, como las mejores verbenas.