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TRIBUNA

Alfredo Marcos Oteruelo

A. MARCOS MARTÍNEZEn fechas todavía recientes, el Ayuntamiento de León ha acordado dar a una calle de esta ciudad el nombre de Alfredo Marcos Oteruelo.Estas líneas tienen como primer objetivo el deagradecer a los leoneses, al consistorio

 

05/04/2009

EN FECHAS recientes, el Ayuntamiento de León ha acordado dar a una calle de esta ciudad el nombre de Alfredo Marcos Oteruelo. Estas líneas tienen como primer objetivo el de agradecer a los leoneses, al consistorio y a su alcalde este reconocimiento, en mi nombre y en el de toda la familia de mi padre. Para nosotros ha sido especialmente grato y significativo el hecho de que la gestión haya sido iniciada en su día por la anterior corporación y culminada hoy por la presente. Queremos ver en ello un signo de concordia esencial entre leoneses de bien y un reconocimiento, por encima de cualesquiera matices, al mérito y labor de un hijo de nuestra tierra.

El segundo objetivo de esta tribuna es el de recordar brevemente la figura de mi padre, quien ejerció durante toda su vida en esta ciudad como periodista, poeta, profesor y político, y fuera de ella tan sólo como leonés. Mas las palabras de un hijo corren el riesgo de ser más amorosas que justas. Por eso prefiero poner esta tarea en manos de gentes mucho más prestigiosas y autorizadas. «Alfredo Marcos Oteruelo -”escribió Francisco Umbral-” fue uno de los primeros periodistas que creyeron en mí. Débil de hechura, fue la fuerza más fuerte en que pude basamentarme para empezar a creer en mí mismo. Contra aquel alcalde fáctico, contra la sección femenina, contra la prensa del movimiento-¦ Alfredo, yo y mi vocación. En la columna que me encargaste aprendí a hacer columnas, Alfredo».

Félix Pacho Reyero prologó uno de sus libros, Leoneses de ayer y de hoy . Según Pacho Reyero, «las últimas décadas del siglo XX podrían considerarse con toda propiedad como la edad de oro de las letras leonesas. Y he aquí que Alfredo Marcos Oteruelo ha sentado plaza en medio de esta época esplendorosa de las letras leonesas, afirmando su personalidad con brillo propio por la donosura literaria y por la consistencia de pensamiento del autor. Este que presentamos hoy es precisamente el libro de un periodista de cuerpo entero, de un notario de la historia de León durante los treinta o cuarenta años que preceden al tercer milenio. Vamos a disfrutar de unas páginas sobre las que ha dejado su huella un periodista cabal y a la vez uno de los más brillantes escritores leoneses de hoy».

«Siempre ha vivido en calles entrañables de León, cerca del Arco de la Cárcel, y ahora detrás de la torre inolvidable de San Isidoro, este amigo de pocas palabras, mirada penetrante de filósofo, sonrisa amable y facciones que muestran la fuerza interior de un hombre de una parte dura y vieja de la tierra leonesa». Este párrafo fue compuesto por el poeta César Aller como prefacio al poemario de Marcos Oteruelo titulado Elegías en León.

Fruto de sus tareas como profesor e investigador, nació otro texto dedicado esta vez a un ilustre intelectual leonés: El pensamiento de Gumersindo de Azcárate. «La lectura de este libro -”señala el catedrático Alfonso Prieto-” nos muestra los raudales de objetividad, tolerancia e incluso simpatía que derrama el autor al estudiar el pensamiento, y sobre todo la figura, de don Gumersindo de Azcárate. Doy su parte, para explicar el hecho señalado, al talante leonesista del doctor Marcos Oteruelo. Una persona para obrar así necesita tener asimilada la objetividad del auténtico intelectual y la comprensión del hombre de bien».

A su compañero en las labores docentes, el profesor Nicolás Miñambres, debemos estas líneas: «Pocos intelectuales consiguieron desde provincias, en la España de la posguerra, unos frutos tan granados como Alfredo Marcos Oteruelo. Siguiendo la estela, tantas veces heroica, de muchos niños de origen rural en la España del primer cuarto de siglo, alcanzó cotas inu-sitadas de proyección y reconocimiento social. Curiosamente, su última actividad fue una apasionada dedicación didáctica: el instituto de Carrizo y su querido instituto Legio VII conservan los ecos perennes de su espíritu de filósofo humanista. Brillantes promociones de muchachos que se acercaban al umbral de la vida universitaria recibieron el espaldarazo humano de Alfredo Marcos Oteruelo. Sus buenos saberes apenas conocieron fronteras, salvo las de su discreción personal».

«Querido Alfredo -”escribió Camino Gallego como sentido obituario-”: fuiste mi primer director en el Diario de León. Pronto me di cuenta de que eras una persona sosegada, sin un ápice de envidia ni engreimiento, siempre dado a buscar el diálogo y la parte buena de todo. Acababas de modernizar el Diario. También tenías la redacción más joven y liberal que se recuerda. Y allí encajé yo. Adiós, Alfredo, y gracias por todo».

Y por las mismas jornadas tristes sembró en nuestro corazón estas letras Pedro Trapiello: «Alfredo era un tipo enorme que se ha llevado con su muerte la deuda aplazada y nunca resuelta que muchos teníamos con él, muchas gentes, periodistas, docentes, políticos, pensadores, leoneses-¦ Honesto en sus principios a carta cabal. Le recordaré siempre como un trabajador contumaz. Y tuvo tiempo y redaños para volcarse en la política y entregarse, no como oficio o prebenda o promoción personal, sino por vocación de foro y debate, servicio puro. Alfredo era hombre de principios bien arraigados, gente de pueblo que no olvidó de dónde venía, pero que tenía muy claro hacia dónde ha de caminar la persona. Dirigió este periódico apostando por la juventud en una España aviejada y triste. Y ya nunca podré pagarle yo la culpa que tuvo al brindarme pluma y meterme en este oficio de penas y maravillas que es el escribir. Querido Alfredo, con nosotros quedas. Aquí estás».

¿Qué se puede añadir, sino gracias?





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