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Año sin agua con las infraestructuras sin completar

 

13/01/2017

Los últimos meses están generando una grave situación de sequía que de momento ya ocasiona problemas notables en el campo. En los secanos los perjuicios son inevitables y en el caso de los regadíos la situación actual complica las siembras, especialmente si no se produce una rápida llegada de las precipitaciones.

Y con este contexto, cuando toca mirar al cielo, es cuando se echa en falta un poco más de agilidad para la puesta en marcha de los proyectos de infraestructuras que garanticen el líquido elemento y que permitan una gestión lo más eficaz y sostenible posible. Pero la realidad es muy distinta a esos deseos y la prueba evidente es que los sucesivos planes hidrológicos que hunden sus raíces en las primeras décadas del siglo XX sólo se hicieron reales después de demasiado tiempo y muy contaminados con todo tipo de intereses y deseos que al final evitaron la mejor gestión posible del agua.

En España hablar de planes hidrológicos supone ahondar en un asunto singularmente complejo, porque se une de manera directa a un factor imprescindible de solidaridad territorial ese que se echa en falta en tantas materias. La existencia de las autonomías ha complicado si cabe un poco más la gestión de las cuencas porque existe una tentanción de cada comunidad de adueñarse de los ríos, cuando la realidad geográfica impone que salvo contadas excepciones su cauce recorre más de una.

La política hidrológica está entre las asignaturas pendientes. Precisa también consenso, para agilizar unas obras que eviten riadas, garanticen caudales ecológicos, riegos y consumos humanos, y que eviten batallas estériles que impiden una gestión eficiente en todos los órdenes.