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Se apagaron las luces

 

NUBES Y CLAROS. MARÍA J. MUÑIZ
21/01/2017

Fue primero un run run, se extendió al poco y hoy casi es una marea. En voz baja, como temiendo romper el hechizo. Tímida, porque contradice el discurso oficializado. Pero creciente y preocupante, porque evidencia lo que a pie de calle es un secreto a voces.

Los leoneses, como el universo consumista todo, se echaron a la calle con la fiebre navideña, las campanillas de la recuperación y el atractivo de los primeros descuentos. Si se escucha a los pequeños negocios locales, se echarona la calle sobre todo a mirar. Si acaso, a gastar en las grandes cadenas que hoy todo lo copan. Al parecer, dejaron mucho menos de lo esperado en las cajas de comercios y restaurantes. Las semanas llamadas a dar respiro a contabilidades in extremis e ilusión a un nuevo curso de incertidumbres sostuvieron el espejismo mientras resonaron las panderetas; pero retirados los oropeles y hecho el balance la conclusión parece ser que al comercio leonés el agua le sigue llegando justo por debajo de la nariz.

No es una sensación mía. Es la certidumbre de lo que, frente a las apariencias, me confirman cada día más empresari@s locales. Tienen los pelos de punta ante lo que puede deparar un recién estrenado ejercicio económico, que parece llamado a ser otra prueba de resistencia para los supervivientes de esta recesión en sacudidas.

El olfato de los comerciantes no falla. Ayer el servicio de estudios de España Duero, con sus expertos y la Universidad, ponía cifras a la impresión que sobre el inmediato futuro tienen los emprendedores: la economía leonesa será la que menos crezca este año de toda la comunidad. Y la razón fundamental es que el consumo privado, el gasto de los hogares, no tiene aquí la fuerza suficiente como para sostener siquiera el ritmo de desaceleración generalizada que se prevé para este 2017. Crece menos cuando las demás crecen (como ocurrió el año pasado de nuevo) y se queda más atrás cuando los motores de la generación de riqueza y empleo se ralentizan.

Todavía hay quien sigue echando en cara un presunto empeño en el pesimismo y el dato negativo. Ni mucho menos. Pero los cartuchos del dinamismo se agotan. Como se ha extinguido esa generación de entre 25 y 35 años llamada a tirar de este carro, y también más animosa en el gasto. Sigamos lanzando mensajes optimistas y de futuro, pero ojo con mirar para otro lado. La realidad, a pie de calle, es muy cabezota.