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Asesinos mentirosos

 

PANORAMA JOSÉ MARÍA CALLEJA
12/05/2018

El tono mortecino con el que uno de los asesinos en plantilla leyó el comunicado terminal de la banda terrorista ilustra, de manera textual y metafórica, la liquidación del tinglado violento, que solo ha servido para aventar muerte, odio y miedo durante años. El portavoz de la trama civil dice que no sabe para que ha servido tanto sufrimiento y que la cárcel le ha permitido ver las cosas con mayor tranquilidad, lo cual habla de las ventajas de la prisión para según qué sujetos.

Celebrada la derrota, expresadas las alegrías y las emociones hace siete años, cuando ETA dijo lo único que nos interesaba oír: que dejaba de matar, tratan ahora los criminales de envolver esa derrota con unos fuegos artificiales escenificados en un lugar propio de curso de otoño y de decirse a sí mismos que el destrozo en vidas ha servido para algo. Tiene su aquel que quien un día se quiso vestir de Mandela guipuzcoano, no haya sido capaz de reconocer que el daño fue «injusto», tal y como le pedía el Gobierno vasco. Fíjate qué poco. También tiene guasa que el jefe del PNV se acercara hasta el lugar de la performance a hacerse la foto, dejando claro que era cuestión de votos.

En 2014 asistimos a un montaje por parte de los encapuchados que permitió que pasaran de dar miedo a dar risa. Se lo recuerdo. Dos etarras mostraban en una mesa un kit del criminal: unas cuantas pistolas, un par de subfusiles, cordones detonadores, etc. Un sujeto, autodenominado mediador, miraba con ojos de taxidermista aquellas reliquias, comprobaba con cara de interés que se trataba de armas. De repente, sacó un bolígrafo de su bolsillo y firmó entusiasta el papel que le mostraban los encapuchados. Pusieron los etarras un sello al papel firmado -creo que aquí hubiera estado mejor una póliza de tres pesetas, pero bueno-. Acabado el sketch, los etarras recogieron las pistolas y ¡se las volvieron a llevar! quién sabe si para otra ‘entrega’ con los mismos majaderos de testigos. Los memes desbordaron las redes y donde eran aparentes pistolas aparecieron reales berzas, productos de la huerta, armas de plástico, pescados diversos. Un ridículo espantoso que daba la risa donde antes se daba miedo.

Conscientes de que las cosas son como se perciben, los derrotados se afanan ahora en buscar razones históricas remotas e inventadas -ese ‘Guernica’ colgado en la pared de la supuesta entrega-, obligaciones ineludibles para el tiro en la nuca, así fuera de mujeres embarazadas; o coches bomba donde había niñas. Ahora se trata de vender lo que sea con tal de convencer a alguien, empezando por ellos mismos, de su remota utilidad. Malo sería que la democracia española, que derrotó hace siete años a los criminales que querían destruírla, se dejara ganar ahora por las posverdades del aparato de propaganda terrorista.

   
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