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TRIBUNA

La autoridad del profesor

francisco j. lópez rodríguez profesor
13/08/2017

 

Qué sería una sociedad sin, policías, sin semáforos, sin normas de tráfico, sin leyes? Sería un caos, una jungla, un campo de batalla, una morgue, imposible la vida. Se pueden imaginar qué sería un Centro de enseñanza, sin autoridad y con adolescentes sin sentido de la responsabilidad, ni respeto. Se ha hablado y se habla mucho de las leyes educativas. En teoría todas pretenden mejorar el sistema educativo. La realidad es muy distinta, se ha degradado y no hay forma de hacer una Ley que pretenda dos principios básicos: la calidad del sistema educativo y el respeto dentro de la comunidad educativa. Digo respeto y convivencia en los Centros. Me parece muy bien que haya interlocutores en el sistema: padres, profesores y alumnos, pero cada uno en su sitio, juntos sí, revueltos, no.

El profesorado será autoridad lo dice la Ley Orgánica para la Mejora Educativa (Lomce). ¿Es necesario que se regule un principio natural? Pues sí. Esta sociedad, que hemos creado todos y que está mediatizada, ha prostituido la autoridad y la disciplina en las aulas. En una tertulia de una cadena de radio se hizo una entrevista a una profesora que había sido vejada, insultada y agredida por un alumno. Dicha profesora tuvo que pedir la baja por depresión y soportar la poca comprensión, en especial, por los padres del alumno en cuestión.

En un momento determinado tuve que llamar a un padre por el comportamiento díscolo de su hija, manifestándole que había infringido las normas elementales de convivencia y había vejado al profesor. Le manifesté los hechos y le dije que el profesor es una autoridad en clase y como tal tiene competencias para tomar decisiones ante situaciones incomodas y comportamientos que hacen imposible impartir docencia El progenitor me contestó que «desde cuando el profesor es una autoridad en clase».

Estamos volviendo a ciertos planteamientos que afloraron en el primer tercio del siglo veinte con las organizaciones anárquicas. Son caldo de cultivo para incluir a toda la masa descontenta. Sus principios son revolucionarios, lucha por el poder y no sometimiento a ninguna autoridad. Había un dicho que decía: “la letra con sangre entra”. Estábamos ante el castigo físico. Sometimiento a vejaciones al alumno: los coscorrones, ponerse de rodillas etc. etc. Eran situaciones para afrontar el respeto y el orden. Hoy nadie pide eso. Hoy ningún profesor va a rescatar viejos modos. Por cierto, algunos estados americanos y, en ciertos colegios británicos, están aplicando castigos físicos. Pero ¿qué está pasando con la disciplina en las aulas? Hoy, impartir una clase a determinados colectivos, es una odisea, una tragedia, un esfuerzo titánico y, solo los aguerridos, lo pueden hacer si no desesperan. Los alumnos no tienen disciplina, insultan al profesor, no respetan a nadie, pretenden hacer lo que les viene en gana. No toman interés por formarse, con frecuencia odian y detestan ciertas materias, les importa un rábano la cultura. Dicen que para qué quieren la lengua, la historia, sociales y si eso no les sirve para nada, que lo único que les importa es aquellas materias que no son objeto de estudio ni de esfuerzo. Esto es verdad. También es cierto que es una minoría, pero la realidad es que la minoría hace imposible mantener el orden, la disciplina y un aprovechamiento académico.

Hoy un profesor tiene coartada su libertad. Les voy a contar una anécdota vivida hace unos cuantos años. Una alumna provocadora, rebelde, de las que no quiere estudiar, de la que no da un palo al agua. En clase su comportamiento era detestable. El profesor la echa de clase. La alumna, que sabe mucho de derechos, va a inspección, dice al de turno que le han expulsado de clase. El inspector se presenta en el Centro y dice al profesor que tiene que admitirla. Para expulsarla es necesario abrir un expediente. Reunir al Claustro de profesores, nombrar un instructor, hacer pliego de cargos, proponerla a la administración para su expulsión, con la salvedad que mantiene todos los derechos en el Centro y, al final, alguien decide o no que se le expulse, mientras tanto, la mantienes en clase, hace lo que quiere, se ríe del profesor y el docente a j.. y a aguantarse. Esto fue un hecho real. Así no se puede impartir una clase ni imponer disciplina. En materia de disciplina los centros tienen que tener suficiente autonomía y los profesores suma autoridad para tomar las medidas oportunas, puntuales. Que la clase sea un ambiente de trabajo y, quien lo perturbe, se tomen las medidas oportunas y disciplinarias para corregir los defectos y poder crear un ambiente educativo con el objetivo de formar y afrontar el reto de la enseñanza con interés y eficacia.

No estamos proponiendo el abuso. Tampoco se propone la dictadura educativa. Los límites del profesor están en el respeto al alumno y lo que determine el Código civil y el penal. ¿Por qué no se legisla de una manera proporcional? Hay muchos políticos y sindicatos que saldrían al encuentro y Asociaciones de padres porque lo primeros fogonazos que lancen? serán que no se respetan los derechos y hay que tener contentos a una masa que no quiere estudiar, que les importa un rábano todo, que no quieren que se les mande, que detestan la autoridad, que no quieren disciplina.

Hay que empezar por el principio y ese principio, es la familia, Si esta falla, si los hijos quedan a merced el ambiente, si no se impone autoridad y los padres, para contentar a sus hijos avivan y azuzan el conflicto apoyando a sus vástagos, flaco favor estamos haciendo a la enseñanza.

Puede ser que alguien se levante contra estas formas y las tache propias de un facha o dictador, pero les digo que, si en la familia hay disciplina y respeto, se prolongará en el centro educativo y los profesores serán depositarios de ese mensaje y lo recogerán para proseguir una educación en el respeto. Ahora bien, si se sigue sin dar autoridad a los profesores, esta sociedad educativa no va a funcionar y la autoridad del profesor quedará degradada.

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