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Black nanay

 

javier tomé
02/12/2018

Por calidad, cercanía y servicio, el comercio fue desde siempre la gran religión de nuestros mayores. El León de toda la vida, el que tomaba el café en el Central, el París o el Iris, o el que iba como un reloj los domingos a misa de 12 a la Catedral, era una ciudad volcada a diario en las compras, consideradas por tirios y troyanos como el mejor instrumento de progreso y bienestar para la ciudadanía. Tiendas como La Revoltosa, El Serranillo, el bazar Benéitez, Sabugo o la entrañable Armería Castro, en la eterna Rúa de los peregrinos, forman parte desde hace generaciones del carácter de nuestra capital, ya que constituyen una parte principal de las costumbres sociales y los más acreditados usos locales. Hablamos de un comercio de prestigio y proximidad que hizo de León aquel chapado a la antigua una ciudad de servicios pensada para satisfacer al cliente. Pero desgraciadamente, como tantas otras cosas, casi todas las garantías de la tradición comercial han ido desapareciendo, sustituidas por nuevos retos tecnológicos y otras formas de promoción del más incierto futuro, capaces de poner todo manga por hombro.

El calendario consumista incluye inventos de alta gama como el cansino Black Nanay, o como se diga, propuesta pensada para el espectador y cimentada en el inclemente bombardeo publicitario de una cita que, dicho sea en el lenguaje de toda la vida, suena a pan para hoy y hambre para mañana. Una forma de reinventarse que, a efectos prácticos, pone de manifiesto la necesidad de articular maniobras que frenen la constante caída de ventas en el comercio tradicional y la enormidad de las campañas de descuentos que se proponen, supuesta panacea para todos los males. Así he entendido a Javier Menéndez, hablando en nombre de Aleco, en la conferencia impartida en las oficinas centrales de nuestro Diario de León. Algo fundamental en una ciudad como León, que cuenta con alrededor de 18.000 empleados de comercio en su tejido productivo, y ello cuando las calles comienzan a llenarse de luces, las tiendas de ofertas y los escaparates de las habituales tentaciones navideñas.

   
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