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CUARTO CRECIENTE

@briftabuyo

 

CARLOS FIDALGO
10/08/2017

El verano de 1991 lo dediqué a apagar incendios forestales. Yo era muy joven, muy delgado, más ágil que ahora, claro, necesitaba dinero para pagar los estudios universitarios, y después de pasar una prueba física y un examen teórico sobre la extinción del fuego, empecé a trabajar en una brigada forestal contratada por el antiguo Instituto para la Conservación de la Naturaleza (Icona).

Teníamos la base en el campo de fútbol de San Román de Bembibre. Allí, sobre la hierba desordenada, despegaba nuestro helicóptero, un antiguo aparato de diseño soviético con un piloto polaco a los mandos y un mecánico de su misma nacionalidad que se encargaba de la puesta a punto. Buenos profesionales.

Pero aquel Mil Mi-2 era un helicóptero viejo, con muchas horas de servicio, y nos dejó tirados en el monte al menos dos veces. Sí, tirados en el monte. Porque el aparato fabricado en los años de la Guerra Fría y repintado de azul y amarillo sufrió más de un fallo mecánico aquel verano y todos los que formábamos parte de la cuadrilla tuvimos que bajar la montaña a pie en dos, quizá en tres ocasiones, hasta el lugar donde podían acceder los todoterrenos del Icona. No había forma de que el helicóptero despegara.

En los veranos siguientes, la Junta tomó las riendas de la extinción de los incendios, trasladó la base a Cueto, en el centro geográfico del Bierzo, y durante tres campañas más, volé en helicópteros franceses y norteamericanos que nunca tuvieron problemas mecánicos tan serios como para dejarnos tirados en el monte. Entre fuego y fuego yo tomaba algunas fotografías con una pequeña cámara Werlisa de carrete. Fotografías que ilustraron mis primeras colaboraciones con un semanario en papel que ya no existe.

Hoy las imágenes son digitales. La brigada de Tabuyo del Monte, por ejemplo, las toma con un móvil y luego las sube, casi en tiempo real, a su cuenta de twitter; @briftabuyo. Y viendo cómo saltan de los helicópteros, cómo desbrozan el monte después de apagar el fuego, soy consciente de todo el tiempo que ha pasado. De que el Mil Mi-2 debe llevar años desguazado en Polonia y yo ya no soy tan joven, ni tan ágil, ni tan delgado.

Pero todavía debo conservar aquella Werlisa de carrete en algún cajón. Y estoy seguro de que aún funciona.

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