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NUBES Y CLAROS

O buenos, o baratos

 

MARÍA J. MUÑIZ
12/05/2018

Lo de bonito lo dejamos. Pa qué. El mercado laboral se parece cada vez más al rastro, si hurgas salen cositas buenas; si no, se va al trapicheo. El Ayuntamiento tramita una sesuda norma que unifique la dispersión legislativa de los mercados, cosa lógica, pues absurdo es tener cuatro normativas para pocas más localizaciones de venta ambulante, en las que el puerro y la braga se mezclan en distintas proporciones pero en iguales condiciones.

En la letra pequeña del asunto ya no entro. Vale que el vendedor ambulante tenga que visibilizar el precio de sus productos (como debería ocurrir con los comercios ‘bajo techo’, aunque no siempre se da el caso); y que tengan que comunicar al Ayuntamiento cuándo se van de vacaciones, y no más de un mes. ¿Igualdad? Pues para todo. Otra cosa es la pretensión de prohibir los gritos promocionales y el regateo. En cuanto aprueben la normativa me planto en el paseo para contemplar cómo la autoridad competente hace cerrar el pico al de «me lo quitan de las manos». Y, sobre todo, le planta cara a l@s profesionales del ¿y si me llevo tres, a cuánto? Veremos.

Lo que no es futurible es la reflexión que Antonio Ramírez planteó esta semana de la mano de Secot. Al margen de otras muchas reflexiones, produce escalofríos su sentencia sobre el mercado laboral: para ser competitivo hoy sólo se puede ser excelente o barato. El término medio, el anónimo cumplidor sin más, es el expulsado del universo de la contratación, que no quiere volver a verlo. No hay opción: o brillante bien pagado o saldo rentable para la empresa.

Parecía duro y discutible cuando el singular ex directivo lo planteaba. Pero ayer el secretario general de CC OO (referente de la filosofía de lo que ya no puede ser, según Ramírez) sentenció con datos la ecuación. El conjunto de los salarios cayó un 7% durante la crisis, pero los sueldos más bajos han visto descender sus ingresos un 22%. Estremecedor. Si en el nuevo entorno laboral (¿nuevo? No, customizado a intereses más que cuestionables) sólo caben los brillantes o los resignados, únicamente hay lugar para la excelencia o la esforzada y mísera supervivencia, de nada han servido décadas de pretendido avance. No es la recesión ni la recuperación. Es la conciencia y la moral. Es el modelo, pero no sólo económico. Es la vida, y son las personas. ¿Eso no vale nada?

Ni se acabó el griterío ni el regateo. ¿Es la ley del mercado? Echemos el pulso.

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