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EN BLANCO

C’est fini

 

JAVIER TOMÉ
31/12/2017

Si no lo remedia a última hora el Cristo de los Faroles, que parece ser que no, la vida nos ha llevado justo hasta el punto final del 2017, despedido como se merece según la eterna receta navideña que convierte a los hogares en saludables campos de concentración. Por exigencias del almanaque, pues, cést fini, se acabó un año que hemos padecido a golpe de fatiga debido primordialmente a la Brigada Iracunda de Puigmamón y demás parentela, después de adueñarse del relato sentimental de una Cataluña ilusoria. En realidad, y al igual que le ocurrió a Martin Luther King, han tenido un sueño que resulta pesadillesco para el resto del país. Me gustan los finales felices como a cualquiera, pero lo cierto es que la cosa pinta mal para una España que va de caspa caída como consecuencia de la brutalización de la política. Por ello, la contabilidad moral del año que ahora cerramos arroja un balance penoso, pues la corrupción y la desvergüenza siguen campando a sus anchas, convirtiendo nuestra nación en una suerte de corral de comedias.

Penoso sainete de costumbres protagonizado por hombres de escasas luces, firmemente convencidos de sus certezas. En fin, lo que haya de ser, en manos de Dios está. Hoy es el día elegido para redactar el listado de buenos propósitos de cara al 2018 que se nos viene encima. Un repertorio de saludables intenciones que resulta obligado comenzar por el credo naturista de procurar honrar al aire libre y al agua corriente surgida del grifo. Asimismo, me parece acertada la promesa de erradicar en las próximas Navidades esos Papa Noël escaladores que se ven por todas partes, a punto de asaltar casas inocente que no se esperan, ni se merecen, tamaño ejercicio de intrusión. Y por supuesto, recuperar uno de los lemas tradicionales vigentes desde la remota época en que Sarita Montiel era virgen, puesto de manifiesto en el dicho de que “a cada pobre, su manta”. De cara al peliagudo 2018, año que se presenta plagado de incógnitas, una última recomendación: tratar de sacar punta al lápiz de la vida ya que es un grave pecado mortal el no intentar ser feliz.