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al trasluz

Caballero de fina estampa

 

eduardo aguirre
11/05/2018

Ha muerto Jesús Cantalapiedra, el leonés al que mejor le quedaba una gabardina blanca. Lo escribo porque es verdad y porque sé que le hubiese gustado leerlo. Pese a lo dicho, no era un dandi. Nada había en él de afectación. La suya era elegancia exterior e interior. Un caballero de fina estampa, que se dice en la canción. Tenía la buena percha de quienes son altos ya desde pequeñitos. Un gentleman de la política, del columnismo y de todo aquello por lo que se interesó, que fue mucho. Por ejemplo, fue un pionero en la apuesta por la triada cultura, gastronomía y turismo. En la semblanza, el sacerdote habló de su bondad. Posiblemente, no fuese muy consciente de tenerla, pero estaba ahí evidente. Siempre le percibí como a uno de esos personajes adultos dickensianos a quienes los avatares de la vida, quién nos los tiene, no han logrado arrebatar la mirada de niño. Tenía un ligero tartamudeo, como este columnista también lo tiene. En los últimos tiempos colaboraba en este periódico con excelentes tribunas de opinión, en las que desplegaba un saber sin cinismo, pues los buenos nunca declinan en cínicos, todo lo más en soñador con goteras. Y no se parecía a nadie. Ser genuino es otra de las máximas manifestaciones de la verdadera elegancia. ¿A quién se parecía Cantalapiedra? A sí mismo. Pepa, su mujer, fue su Renacimiento vital. No puedo evitar la sensación de que León no supo utilizar del todo sus valías. Tampoco tengo la menor duda que la política necesita personas como él, y no alejarlas porque los partidos sean espacios ajenos al efecto.

Sí, había algo en él de personaje dickensiano, de alguien en el que ha sobrevivido la infancia, agazapada bajo un escudo de seriedad. Eso sí, él no llevaba dentro a un crío cualquiera, sino a uno travieso e inocente. Como todos quienes están dotados para el buen humor debía de tener algo de cascarrabias ocasional. Hizo bien.

En efecto, no conozco a un leonés que portará con tanta prestancia una gabardina blanca. Seguro que ya llevaba años sin ponérsela, pero le asocio a ella y siempre le asociaré. Qué entrañable leonés hemos perdido. Adiós a su elegancia, exterior e interior de caballero de fina estampa. Adiós a un estilo irrepetible de ser bueno.






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