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LEÓN EN VERSO

El caño está de moda

 

LUIS URDIALES
11/10/2017

El caño se ha revalorizado más que el Mitsubishi Pajero. Cuantos más kilómetros, mejor, igual que los viejos pozos. El caño está de moda. Fue cambiar Neymar de camiseta y pasar de provocación y falta de respeto al rival a creación de artista con firma de autor. Los caños son la última bocanada de frescura que le queda a León camino de los Santos bajo una solana propia de nuestra señora de agosto, con septiembre atrás y huérfano de puentes que llevar ni fuentes que burlar. Un caño hoy es un salvoconducto a no morir deshidratado entre temperaturas apocalípticas de los paraísos desérticos de Atacama, camino a transformar el entorno leonés en el lugar más árido posible entre riberas y llanos; montañas agrestes que a estas alturas preparaban la piel para la nieve. Por eso la vida se reduce a los caños, donde el agua cae por su propio peso y deja la sensación del desahogo que permite el espejismo de creer que el chorro es una cascada. Del caño vivió León hasta que las traídas y el saneamiento conformaron el bienestar en torno a las urbes, y los artesianos quedaron a un lado, apartados tal que abuelos innecesarios. Hasta que la capa freática se desplomó por debajo de las perspectivas de futuro de la juventud leonesa. En León hay caños fascinantes; los de Folledo, por ejemplo, que llevan el murmullo del agua valle abajo para hacer llevadera la consecuencia que dejó en la zona el cambio de sentido de la circulación hídrica, por la embestida de la tuneladora. Caños al estilo de Emiliano Buendía capaz de recrear la vista en el Reino de León y hacer sentir a los feligreses en el mismo limbo que la afición del Parque de los Príncipes o el Camp Nou (si se permite decir camp y nou) en las mejores sinfonías de sotanas futboleras. La vida se ha visto tan condicionada por el caño que en la zona norte de León y en otras de entorno montaraz y boscoso, en las noches de luna las alimañas rompen el límite de los cascos urbanos empujadas por la sed; a abrevar la necesidad, al modo del urogallo Mansín cuando decidió empadronarse en Tarna entre aquella confusión instintiva que le llevó al precipicio de la muerte. El hontanar de agua es el único aleteo de la mariposa capaz de desatar el huracán en León. El caño que templa esta sequía.

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