Si ya eres usuario, accede...

Recordarme

¿No recuerdas tu contraseña?
Accede con redes sociales...
Si todavía no eres usuario, regístrate...

¡Regístrate ahora! para recibir los titulares del día en tu e-mail.

¡Regístrate ahora! para poder comentar noticias, participar en sorteos y concursos.

Menú Accede

TRIBUNA

El canto de la Sibila en la Catedral de León

JOSÉ LUIS ALONSO PONGA Director de la Cátedra de Estudios sobre la Tradición. Universidad de Valladolid
06/01/2017

 

La Navidad se amenizaba en la Catedral de León, durante el s. XVI, con villancicos, representaciones que rememoraban la escena de los pastores, la conocida como «remembranza que hicieron los pastores» y el cántico de la Sibila. De los tres, el que aguantó mejor los cambios de gusto del público, fueron los villancicos. La obra teatral relativa al anuncio de los pastores y la adoración al niño, se fue ruralizando poco a poco, hasta no tener cabida en la catedral.

El cántico de la Sibila, si bien adquirió una gran importancia en las celebraciones del cabildo, no aguantó más allá de las primeras décadas del s. XVII. Se desarrolló primero en los monasterios y después en las catedrales e iglesias de primer orden. En la parroquia de San Martín, en León, sabemos que en el año 1520 había un cuadernillo con esta composición.

El cántico de la Sibila estuvo muy extendido en la Península, en las Baleares y otras regiones del reino de Aragón —Cerdeña sobre todo donde aún se canta— al menos desde el s. XV. En España se conservan documentos acreditativos en muchas catedrales, siendo las de Toledo, Córdoba, Valencia y Oviedo donde encontramos los más representativos. Mención aparte merece la Sibila de la catedral de Palma, que se ha mantenido prácticamente sin interrupción hasta nuestros días. Hace una década ha sido reconocida por la Unesco como patrimonio universal. En León, que es la que nos interesa en este artículo, afortunadamente se ha recuperado este año gracias al empeño que ha puesto el maestro de capilla Samuel Rubio.

Las sibilas fueron profetisas de los gentiles que hicieron también sus vaticinios sobre el Salvador. La Eritrea, que es la que se representa en la noche de Navidad, tiene cabida en los templos de las ciudades y sedes catedralicias, porque profetizó sobre el nacimiento de un redentor que salvaría al mundo en el juicio final. Los versos que se cantan denominados Iudicii Signum, o profecía del fin del mundo, son una advertencia de lo horrible que será la segunda venida de Jesucristo: «Señal de juicio: la tierra se humedecerá de sudor. Vendrá del cielo el Rey que reinará por los siglos. Quemará en el fuego las tierras; desbaratará las puertas del sombrío averno... Descubriendo los actos ocultos cantará cada uno sus secretos, y abrirá Dios los corazones a la luz… Pero entonces la trompeta lanzará triste sonido desde el alto orbe, lamentando el miserable espectáculo y los múltiples agobios, y abriéndose la tierra dejará ver el caos del Tártaro… Bajará fuego del cielo y un torrente de azufre». Los versos atribuidos a la profetisa, que según la traducción figuraban en los denominados Libros sibilinos fueron rescatados a mediados del s. II por un cristiano de origen hebreo, que aprovechó las figuras de las pitonisas para introducir un discurso dramático invitando a cristianos, paganos y hebreos a convertirse. Pero, al parecer, sus contemporáneos cristianos de Roma no aceptaron de buen grado que una Sibila hubiese profetizado algo bueno sobre el Redentor. Hubo una amplia mayoría que se negó a aceptarlos entre la literatura cristiana. Por el contrario, una minoría, quizás más culta o más tolerante con la cultura clásica, no puso ningún impedimento. A esta minoría pertenecía san Agustín (354-430) quien en su obra La Ciudad de Dios afirma: «Esta sibila Eritrea o como piensan otros de Cumas, en toda profecía no tiene parte alguna que pueda referirse a los dioses falsos o fabricados… Antes bien habla tan abiertamente contra ellos que parece ser catalogada entre los que pertenecen a la ciudad de Dios». La opinión del santo de Hipona fue decisiva para que los versos tomaran carta de ciudadanía en la iglesia. Se rezaban en los maitines de Navidad, al menos desde el s. VIII, en los monasterios e iglesias de cierto renombre. En el s. XI comienzan a aparecer textos musicados, pero no será hasta el s. XIV cuando se desarrollen plenamente, hasta el punto de que en el s. XV se habían configurado como una atracción artística porque a la belleza musical se había añadido una rica tramoya y unos escenarios de gran efectismo.

¿Cuándo comenzó el canto de la Sibila en la catedral de León? No lo sabemos a ciencia cierta, pero para el año 1452 estaba plenamente incorporado a la celebración navideña, según nos transmite D. Raimundo Rodríguez, el primero en tratar este tema. En el libro de Actas y cuentas del cabildo se anota: «Navidad: este día, mandó el provisor que diesen a la Sevilda e a los juglares que fueron con ella veinte maravedíes».

El protagonista principal era un muchacho de coro al que el maestro de capilla preparaba a conciencia, como consta en las cuentas de 1520, en las que se alude al pago de una cantidad por «adiestrar la sevilda con el trabajo de que la atavió». En el documento se alude a la preparación musical, pero también al responsable de su indumentaria. Por los documentos que publicó Raimundo Rodríguez, hace casi setenta años, en León, la pitonisa accedía a la catedral montada en un caballo blanco ricamente enjaezado, con gran séquito de músicos y danzantes. Y allí en un escenario de gran ampulosidad cantaba los versos. Su traje era riquísimo. La saya de la Sibila era de seda de color, la toca de plata, adornada con cintas nacaradas y tiras de oro cosidas sobre sedas de color blanco y carmesí. Llevaba en la mano una espada con la que remarcaba los gestos amenazantes según lo pedía el texto, y es probable que también con ella destruyera una especie de piñatas que dejaban caer sobre los asistentes los dulces tesoros que ocultaban y por los que se peleaban los asistentes.

Si la indumentaria de la protagonista era fastuosa, la de los acompañantes no lo era menor. Se hacía rodear de una comparsa de mozos del coro, siendo su guardia de honor unos niños, también del coro. Estos últimos vestidos con medias negras y rojas. Llevaban cosidos al traje pequeños cascabeles que recalcaban el ritmo de los pasos de la danza y los movimientos y evoluciones de la comparsa.

No se representaba todos los años, pero existía en el ambiente una conciencia difusa de ser una obra tradicional en la Catedral. En un documento de 4 de diciembre de 1581 se deja constancia de que los canónigos «ordenaron y mandaron que de aquí en adelante la noche de Navidad se cantase la Sibila como ha sido costumbre en esta iglesia…». Para ello mandan al administrador provea de lo necesario, y al maestro de capilla que instruya al muchacho que mejor cante. Sin embargo en el mismo documento también se encarga al maestro de ceremonias se informase de Toledo « a qué tiempo y hora se ha de cantar». Lo cual da a entender que la costumbre no era tanta costumbre, y que lo que se pretende, en este momento, es recuperar un acto apreciado por el público, y hacerlo con las mayores garantías de autenticidad.

Una de las posibles razones por las que no se cantaba todos los años es porque al convivir con los villancicos cantados por los niños del coro, a veces no había cantores suficientes, o al menos protagonistas de categoría. Eso debió de suceder en la navidad de 1594, según el investigador Menéndez Peláez. Ese año los canónigos de León pidieron al cabildo de Oviedo «envíen un niño de buena voz, que cante la Sibila, porque allá no la tienen». Los canónigos astures accedieron al envío, encargando al director del coro que, siempre que no se descabalase la función ovetense, preparase al niño como pedían los leoneses.

En las postrimerías del s. XVI la tradición estaba muy debilitada, de manera que si en las primeras décadas del s. XVII empiezan a faltar las referencias a su ejecución, es porque simplemente había desaparecido. La normativa salida del Concilio de Trento contra este tipo de espectáculos se impuso en León sin grandes problemas. Diríamos que vino a enterrar dignamente una función ya inexistente, lo cual no se produjo tan súbitamente con otras tradiciones también catedralicias: Los obispillos y los villancicos. Y es que estas funciones no requerían de tan grandes presupuestos como la Sibila. Las cuentas de 1596, una de las últimas, dejan constancia del dispendio, pero además nos muestran el estado de cuentas del cabildo, porque en una nota añadida dice que los artículos comprados a un joyero no se pueden pagar por no haber dinero, y que se deja para el año siguiente.

El cántico de la Sibila en la catedral de León fue, desde sus inicios, una obra de gran predicamento entre el pueblo. Seguro que en esta nueva etapa que se inaugura este año, gracias a la generosidad del Cabildo catedralicio y a los esfuerzos de D. Samuel Rubio, será más larga y completa. El rigor con que se ha afrontado merece que esta nueva manifestación de patrimonio cultural inmaterial sirva para enriquecer, aún más, nuestra cultura tradicional.

 

Escribe tu comentario

Para escribir un comentario necesitas estar registrado.
Accede con tu cuenta o regístrate.

Recordarme

Si no tienes cuenta de Usuario registrado puedes registrarte como Usuario de Diario de León

Si no recuerdas o has perdido tu contraseña pulsa aquí para solicitarla

 
Última hora
Las noticias más...
Y además...

Diario de León
© Copyright EL DIARIO DE LEON S.A.
Carretera León-Astorga, Km. 4,5 24010. Trobajo del Camino (León) España
Contacte con nosotros: diariodeleon@diariodeleon.es

DIARIO DE LEÓN ,S.A. se reserva todos los derechos como autor colectivo de este periódico y, al amparo del art. 32.1 de la Ley de Propiedad Intelectual, expresamente se opone a la consideración como citas de las reproducciones periódicas efectuadas en forma de reseñas o revista de prensa. Sin la previa autorización por escrito de la sociedad editora, esta publicación no puede ser, ni en todo ni en parte, reproducida, distribuida,comunicada públicamente, registrada o transmitida por un sistema de recuperación de información, ni tratada o explotada por ningún medio o sistema, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electro óptico, de fotocopia o cualquier otro en general.

Enlaces Recomendados: Vuelos | Cursos y masters | Juegos | Escorts Barcelona | Comienza a ahorrarte hasta un 65% en tu seguro con Regal

Edigrup Media: Diario de León | Diario de Valladolid | El Correo de Burgos | Heraldo-Diario de Soria

Diario de León