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CUERPO A TIERRA

Carta a Cataluña

 

ANTONIO MANILLA
13/09/2017

Como el de cualquier persona, el primer fin de un Estado es continuar siéndolo, a ser posible entero y sin merma. La supervivencia, a veces, exige perder alguna facultad o desprenderse de algún miembro, para que la vida siga existiendo. Cortar por lo sano es una medida extrema pero tiene una función médica: evitar la gangrena mortal mediante el sacrificio de una parte en bien del todo. Salvar Cataluña, en este momento, supone entregar al filo del bisturí a esa parte de Cataluña que es España, con gran dolor para todos los catalanes.

Adiós, España, tras siglos de unión, desgraciadamente, has decidido que no quieres continuar dentro de Cataluña, así que a partir de mañana estarás fuera. Haremos cuentas, repartiremos los bienes comunes y cada uno por su lado. Va a ser duro, pero es lo que habéis elegido democráticamente. No os ocultamos que nos hubiera gustado poder votar en ese referendo que convocasteis para decidir separaros de nosotros, porque nos dejáis huérfanos de muchas cosas, pero allá cuidados. Cada uno es responsable de sus actos y ya somos mayorcitos, aunque algunos de los defensores de vuestra secesión siempre olvidaron, al exponer sus razones, que entre vosotros —al igual que ocurre entre los nuestros— hay muchos que con la mano en el corazón preferirían que se mantuviese nuestra unión. No es el fin. Mañana os levantaréis acaso con nostalgia de Cataluña, añorando lo que siempre fuisteis y seguís siendo, aunque ahora lo neguéis: catalanes de pura cepa, catalanes ignorantes de su catalanidad.

Pero Cataluña es más grande que España y todas las regiones e islas que la conforman. Incluso más grande que todos los territorios que no la conforman: qué habría sido de Europa y su excelsa historia sin el imperio y la lengua catalanes, sin las aportaciones de sus hijos a la cultura y el arte, sin nuestras habilidades para el comercio, la industria y la innovación. En fin, en esta triste hora de vuestra desconexión, Cataluña invita a todos los catalanes de bien esparcidos por lo que hasta ayer era Cataluña y hoy es nada más que España a establecerse en nuestro suelo. Somos tierra de acogida, plural y abierta, como ninguna. Aunque con un nudo de pesar en la garganta, lo que queda de Cataluña saluda, de igual a igual, a la España que habéis querido: media, pequeña y tonta.

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