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cartas al director

 

05/01/2017

Centenario de Cela, vacío doloroso

A la luz de la pompa del centenario celiano que arrancó el 11 de mayo en Galicia y tocará a su fin un año después en Madrid, Cela Conde confiesa que el objetivo fundamental es «recuperar su faceta más importante: la de escritor». Pues a juicio de su hijo, su papel como uno de los autores más importantes de la literatura española del siglo XX quedó en un segundo plano en sus últimos años de vida que el Nobel compartió con Marina Castaño, y dado que Cela Conde ganó la batalla por la herencia de su padre, el II Marqués de Iria Flavia cree que el centenario «es el momento ideal para enmendar esa trayectoria». La mejor manera de hacerlo es lograr que se lea a C.J.C, objetivo más repetido, pero ¿cómo se consigue? Sin duda, a través de la fascinación que cualquier página del autor ejerce sobre aquel que se acerca a ella, «por esa capacidad que tuvo en vida de hacer un tipo de literatura distinto».

García de la Concha afirmó, en la inauguración de la exposición, que el «conjunto monumental de los escritos de Camilo José Cela no es otra cosa que un viaje del alma a su patria España, guiado y llevado por la palabra del español más rico, en diálogo con las variedades hispanas de aquí y de allá y con otras lenguas hermanas de la gran familia romance». Homenaje del Instituto Cervantes en todo el mundo.

Su biógrafo resalta que Cela también era maestro de la autopromoción. En esa faceta encontró a la persona adecuada al final de sus días. Marina Castaño tendría que ser un personaje secundario en el centenario, y no lo es, por la tremenda abdicación que hizo Cela en su persona. Cuando la conoce, Cela está en una época de desánimo mayor, sin el Nobel ni el Cervantes. Y Marina es una tabla a la que el célebre escritor se agarra. Emparejamiento de Cela con algo distinto de su personalidad. «Cela era un vitalista: pues en la intimidad, se hablaba de cualquier cosa menos de literatura».

Alejado, en todo caso, de la figura de ogro ‘come niños’ que ha quedado de él. Cela Conde lo expresa sin rodeos al poco de comenzar su libro: «Muy en el fondo, allá donde los periodistas, los curiosos y los amigos de conveniencia de los últimos tiempos no entraron jamás, el verdadero Camilo José Cela era la dulzura misma», ironía incluida, pues no conoce a su padre tanto tiempo mirados desde lejos. Una realidad doble, el rasgo de la dulzura y la obsesión de ocultarlo.

A medida que van pasando los años, en el hijo de Cela van pesando «los momentos primeros, en los que ya era un niño». «Cada vez más me interesa el Cela que está empezando, y no el que termina. Entiendo que el Nobel es importantísimo, pero lo que importan son los algoritmos que vienen antes. ‘Pobre Vargas Llosa, otro Nobel de español’. En realidad el Nobel no es más que un a posteriori, con el Nobel o sin él, la literatura de mi padre habría sido la misma», remata Cela Conde, mientras busca acallar a Marina. En sus palabras se advierte el matiz de la reconciliación, para la que siempre hay tiempo.

Nada más desaparecer comenzó un cierto abuso de su figura, que él mismo ya había propiciado en fatigas físicas y desintereses de senectud. Se percibió en el mismo día del óbito cuando rápidamente se divulgó y publicó que sus últimas palabras en el lecho de muerte habían sido: «Marina, te quiero, ¡Viva Iria Flavia!» lo cual sonaba curioso pues no es el tipo de frase que suele componer un ser humano cuando transita por los estertores agónicos.

Cela prestó enormes servicios a su país. El primero y más trascendente su obra, por supuesto. Un castellano casi único con dos novelas monumentales el Pascual Duarte y La Colmena, sin olvidar el fruto de sus viajes. Una figura literaria imprescindible para comprender la España posterior a la Guerra Civil y sin olvidar su compromiso con la vida pública, en palabras del rey, y la contribución personal que realizó durante la Transición en las Cortes, como senador real y «su permanente lealtad a la Corona». Además de reivindicar al Cela escritor y vagabundo a lo largo de este año, a Cela Conde le gustaría llegar a ese Cela más desconocido.

Ángel Carvajal Carrera. león

   
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