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cartas al director

 

26/01/2017

Oposiciones a

la Policía Nacional

El pasado 14 de enero se celebraron las pruebas para acceder a la escala básica de la Policía Nacional. Miles de jóvenes acudieron ilusionados y nerviosos a realizar dichas pruebas. Finalizadas las mismas, los rostros de los opositores mostraban los resultados: frustración, decepción, impotencia... Un año más, la prueba eliminatoria de ortografía se convertía en el centro de las críticas. Los opositores debían decidir en un tiempo máximo de ¡8 minutos! si las 100 palabras de la prueba estaban reconocidas por la por la RAE, es decir, tenían 4,8 segundos para leer y responder adecuadamente a cada una. Y ‘las perlas’ no tenían desperdicio: azúa, bes, carriño, cádava, bastetano, avabol, bribión, chachá... amén de ciertos extranjerismos que, según la RAE, deben escribirse en cursiva en los textos españoles, cosa que no ocurría en la prueba porque en ésta no había texto, solo palabras aisladas. Creo que nadie pone en duda que nuestras fuerzas del orden deben tener un nivel cultural y de formación adecuados a los tiempos que corren, pero ¿es necesario rebuscar debajo de las alfombras de la RAE términos que (estoy convencido) ni los mismos examinadores conocen?

He dedicado toda mi vida a la docencia y he participado en numerosas convocatorias formando parte de tribunales para el acceso a la función pública, y ¡nunca! he llevado a cabo estas prácticas maquiavélicas para comprobar el nivel de aptitud de los candidatos. ¿ No sería más justo proponer unas pruebas exigentes, pero relacionadas con el puesto de trabajo al que se aspira y que las superen los mejores? Después, los políticos de turno se rasgan las vestiduras porque nuestros jóvenes se marchan al extranjero. Lógico. Aquí o no hay trabajo, o, si lo ofertan, acaban por minar la ilusión de los que quieren optar a él. Por favor, que alguien ponga fin a este dislate.

gaspar rial pardo. león

Los palmeros

Hace tiempo que me vengo fijando en que, cuando salen los del circulito sobre morado en los noticiarios, ya sea el de la coleta, ya sea el morritos, se coloca detrás un grupito; no sé si es para protegerles, para darles ánimos o para qué será. Eso sí, terminan todos aplaudiendo. A su vez lo que se ve de público también aplauden. No me fijo en lo que dicen; no pertenezco a la ¡gente1 que ellos dicen representar, ni a la ¡casta! en la que ellos, tan gustosamente, se han sumergido. Pero eso sí, aplauden tanto unos como otros; hasta parece que les han crecido las manos de tanta palma. Por eso les llamo Los Palmeros. Por mí que sigan aplaudiendo; no deja de ser un espectáculo. 

Prisciliano Castillo. león

Rebajas, otra

clase de opio

En época de rebajas cada cual saca a la luz la bestia depredadora  que todos llevamos dentro. Los adictos a las compras despliegan su talento alentados por la oportunidad y el camelo que la industria, en este caso textil,  ofrece como ganga  que en realidad  es una mentira extendida como la pólvora, para dejarnos el armario repleto de mercancía segundona que no necesitamos.

La actuación del sujeto depredador pasa por una fase de euforia, que le lleva a trepar literalmente hasta la última estantería del establecimiento, para conseguir una camiseta que está manchada de barra de labios o arrancársela de las manos al vecino de percha, que igualmente codicioso, entabla su particular pelea por conseguir un pantalón que se le ha antojado a las señora   de enfrente y así, de esta reacción en cadena por conquistar un territorio casi comanche, cada uno  va mostrando al mundo su verdadera esencia y su más negro interior.

Horas de cola para pagar tres euros por una prenda manoseada hasta la saciedad, empujones con el fin de llegar el primero hasta los probadores, esconder una prenda en la sección de bolsos: para que no la encuentre nadie más y volver a buscarla por la tarde con dinerito fresco, abandonar la cartera en el suelo: para ponerse encima un chal de lana que no necesitamos y esperar ingenuamente que la cartera siga allí,esperando por su dueño.

Vestuarios atestados de prendas arrugadas, pisoteadas, rasgadas e invendibles que muestran el afán por competir y destruirnos. Son sólo unos ejemplos que muestran el vacío.

Rebajas, prendas al límite.

Otra clase de Opio. Otro placebo...

NURIA VIUDA GARCÍA. lEÓN

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