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cartas al director

 

14/01/2018

c Juan Fernández Martínez escribe con el título ‘¿Quién potencia la pobreza?’: «Si existe la pobreza es porque existe injusticia. ¿Qué tiene que ocurrir para que la gente mire de frente la cruda miseria que le rodea? La pobreza de los indefensos niños, ancianos ante los insaciables beneficios de las vacas sagradas que ni tienen patria ni bandera, solo tienen intereses. Apuesto por los locos porque dicen lo que los cuerdos seguidistas se callan. ¿Qué clase de libertad existe si la desigualdad social es tan antagónica? ¿Dónde está el límite de la prudencia a la indiferencia? Lo que pido y deseo es que dejen vivir como seres humanos que son a niños, adultos y ancianos. No vale decir es que no se dejan ayudar, no se puede obligar si no quieren. Éstas y otras justificaciones es más bien fruto de no saber, no poder o no querer. Ser responsable es también ser capaz de tomar decisiones en sus correspondientes responsabilidades. Es tóxico, penoso y peligroso. Que se vea normal la miseria que crea los recortes en educación, sanidad, en el trabajo y en consecuencia en la dignidad. Estos cuatro puntos no son las tablas de Moisés pero sí el bienestar de un pueblo. Recibir este año entrante 2018 con paz tan deseada y querida en el mundo, acompañada de dignidad. Muchas gracias por leer este artículo, escrito sin maldad, publicado con profesionalidad y leído con inteligencia.

P.D. Absténganse los salvadores de patrias».

c Federico Barbero titula su escrito ‘Relaciones humanas’: «A veces con razón y otras si ella, hay personas especialistas en la provocación, son como quien tira la piedra y esconde el brazo, dando lugar a situaciones sin sentido cuando no, de violencia. Puede ocurrir en cualquier ambiente de desacuerdo. En las relaciones de pareja, de trabajo, vecindad, tráfico, fútbol o en la política, entonces el ser humano, puede convertirse en otra cosa; por ello, las personas sensatas deben hacer un ejercicio generoso de autocontrol y serenidad para enfriar cualquier situación conflictiva, es la manera más inteligente y cristiana de evitar los casos incómodos para que luego, el juez no tenga que dilucidar ¿Quién fue más culpable, si el que inicia o responde a la provocación?. Pues que este 2018 que acabamos de estrenar sea para todos, un año exento de casos desagradables y en cambio, esté lleno de esperanza, alegría y paz».

   
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