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Casa Jamín

 

EN BLA
08/01/2017

La primera obligación del columnista debería ser perseguir el noble arte de la objetividad. Pero por el más elemental deber de ciudadanía, y puesto que cada cual tiene sus gustos y su carácter, quiero iniciar el 2017 ensalzando un mito digno de crédito, gastronómicamente hablando. Lo primero en esta vida es equilibrar estómago y alma, loable objetivo al que se aplica con entusiasmo El Sauce, un restaurante sito a dos pasos de León, en la inmediata localidad de Villamoros de la Reguera. Establecimiento con un estilo muy propio y una atractiva carta de platos para rebañar, basados en los productos de temporada y unos sabores y olores ligados a la memoria común. Cocina es cuando las cosas saben a lo que son y, precisamente por ello, este pequeño universo de sensaciones, tan íntimo como confortable, es desde hace tiempo un ingrediente básico en el agitado puchero de la gastronomía leonesa. No hay más que ver la lucida nómina de personajes ilustres que frecuentan su comedor, para degustar primores de mantel con gusto a recuerdo y que evidencian un poderío ancestral y el mejor saber hacer.

El propietario y responsable último del tinglado es Benjamín Tuñón, antiguo compañero del colegio y un hombre con el corazón más grande que la fachada norte de la Catedral. Como cada uno cuida de los suyos, los antiguos compinches del Colegio Leonés hemos elegido la casa de Jamín como principal campamento operativo, por ser justo lo que nos prescribe el médico. A saber, comida familiar en un entorno amigable e ideal para disfrutar de la tertulia y la buena compañía. En plan juerga total, por supuesto, por ser plenamente conscientes de que hay que acabar el día con el comer y el beber bien cumplidos. Se trata en realidad de una gran aventura culinaria, más de esencias que de tendencias, cuyos platos de calidad y tradición contrastadas parten de aquellas recetas de la abuela que son fuente de placer. Ya se anuncia en el horizonte inmediato un tremendo cocido, de esos que te ponen los pelos como escarpias. Así que, como decía mi abuela, que Dios bendiga los buenos alimentos de Jamín.

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