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MARINERO DE RÍO

Charca España

 

EMILIO GANCEDO
26/02/2018

Por más que agito esta coctelera que tengo por memoria no soy capaz de recordar un momento igual en toda mi vida. Nací en 1977. Detrás había un telón oscuro y un tanto difuso donde se agitaban raras y violentas criaturas, un tiempo gris de cabezas gachas y manos en ristre. Por delante estaba todo. Tanto que explorar, tanto que crear, tanto que decidir. Claro que de esas cosas me di cuenta después; en esos primeros años me dedicaba a imaginar lo que decían los Don Mikis porque todavía no sabía leer, y aplaudía a Los payasos de la tele hasta que me ardían las palmas.

Después llegó la Movida, que aquí vivieron mis hermanas en la Tropi vestidas de Don Algodón, la multiplicación de los sueldos como panes y peces en proporción inversa a como se vaciaba el pueblo —quedó convertido en silenciosa cáscara—, la teta de Sabrina, el pelo engominado de Mario Conde, las lágrimas de la infanta en Barcelona’92 y la de Dios: o sea, un trampolín hacia lo bueno y lo mejor. Todo debía seguir una línea más o menos ascendente y despejada.

Y de repente, esto. No ya la crisis, que es un fango cíclico y se parece quizá a los terremotos y huracanes, sino esto. Retirar un cuadro de una exposición. Secuestrar la edición de un libro. Meter en la cárcel a un cantante. Esto, la censura, la desproporción, el miedo. Leamos esas tres cosas de nuevo. Y pensemos. Y aunque se ha dicho incontables veces antes, repitámoslo: mucha gente luchó, padeció y murió para que usted y yo digamos o escribamos lo que nos venga en gana. Y si vulneramos la ley por ello, que la pena sea ajustada, sin inyecciones políticas de por medio. Pero no nos engañemos. La cosa se veía venir. La monstruosa cantidad de casos de corrupción registrados en este país —que sepamos—, la inmoral cantidad de dinero evadido, los vergonzosos recortes en los sectores más delicados, el desembarco en los medios de la miscelánea político-empresarial imponiendo temas tabú y anestesiando conciencias, y lo intocable de ciertas alcurnias lo han precedido y anunciado.

Todo ello conduce a la charca España.

Y lo peor es el silencio, el letargo, la sorprendente complicidad de tantos.

Neguémonos, desde ya, a las nuevas censuras. Rechacemos volver a la época de las cabezas gachas.

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1 Comentario
01

Por Jandrin 12:41 - 26.02.2018

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Una vez más esta columna es un oásis en mitad del yermo desierto. Gracias Emilio.

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