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LA LIEBRE

Al cierre

 

ÁLVARO CABALLERO
03/12/2017

Aquel niño con pantalones cortos aparcó la bicicleta frente a la sede de Pablo Flórez para ir por el botijo a Caño Badillo por orden de Álvaro Linares cuando tenía 14 años y, casi 50 después, salió el viernes por la puerta del periódico manteado por los compañeros como si hubiera logrado la Champions. La chavala del pelo corto y las gafas cogió la libreta una mañana para hacer el reportaje de unas niñas de un campamento y, 44 otoños más tarde, tras dar cuenta a pie de urna de las primeras elecciones democráticas y construir a golpe de tecla una reputación insobornable, se fue en la medianoche del jueves con la fiambrera en la mano y las lágrimas sorbidas a la hora del cierre. Eran Mario Álvarez Colinas y Camino Gallego, quienes se jubilaron esta semana, aunque ustedes quizá no lo sepan, y se llevaron con ellos buena parte de la memoria del Diario de León.

No quiero pararme a contar cuántos periódicos suman, ni el número de horas, ni las renuncias, ni los jirones que se les han quedado entre las resmas de papel. Me da un vértigo enorme asomarme a ese pasadizo que se abre para construir un diario cada día durante décadas a partir de los renglones torcidos de la jornada anterior. Todo esto es un periódico: las personas que lo forman hasta confundirse con su espíritu y arrendar el alma al resultado de la portada del día siguiente. Un ser vivo que tiene tripas, sangre, corazón, extremidades y memoria. Esa memoria que ya habrá que buscar en las hemerotecas porque no se podrá mirar a la mesa de al lado para preguntar quiénes formaban las primeras candidaturas a las cortes generales por la provincia de León, ni otear con el rabillo del ojo para que al fondo, delante en la pecera, Mario cuente otra vez la historia de las noches en las que tenían que llevarle la portada a Íñigo Dominguez de Calatayud al Loren para que la corrigiera. Eso también es periodismo: las huellas que se quedan en el papel por la mañana y que no pueden leerse porque forman parte del adn de este organismo, pero sin las cuales sería una sucesión de letras sin contenido, ni espíritu.

Pregúntale a Camino, me dijeron al llegar al Diario de León como salvoconducto para aclarar las dudas que me aparecían y nadie sabía resolver. No sé cómo lo haremos ahora que ya no están. Voy a enviar la página al cierre y a ver qué pasa.

   
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