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CUARTO CRECIENTE

La ciudadela

 

CARLOS FIDALGO
12/01/2017

En la Corrala del Lobo, los vecinos de Vega de Espinareda tendían trampas a los depredadores del ganado en otro tiempo. Desde allí se llega andando en diez minutos hasta el Castro de Peña Piñera, una verdadera ciudadela prerromana, de 12 hectáreas de superficie delimitada por los restos de una muralla.

Es el mayor castro de la provincia. Mayor incluso que el de la Peña del Hombre, en Paradela de Muces y no lejos de las antiguas minas de oro romanas de Las Médulas, donde la Junta de Castilla y León promovió una excavación arqueológica el pasado verano que ha servido para que salgan a la luz la estructura del primitivo poblado, que dataría de la Segunda Edad del Hierro, y una serie de objetos de cerámica, semillas y adornos de orfebrería que ayudarán a entender el modo de vida de las poblaciones anteriores a la romanización.

En el castro de Peña Piñera, sin embargo, y a pesar de sus enormes dimensiones y de su cercanía a las pinturas rupestres aparecidas hace tres décadas en una cueva muy próxima, nunca se ha llevado a cabo una excavación arqueológica. Estoy seguro de que los ‘cazadores de tesoros’, furtivos de la arqueología y el patrimonio que han peinado la provincia en busca de objetos de valor en las últimas décadas, han visitado más de una vez esas ruinas. La cultura castreña y la romana han dejado una huella muy profunda en el Bierzo, como demuestra el hallazgo a finales del siglo pasado del Edicto de Augusto en el municipio de Bembibre —una lápida de bronce conservada en el Museo de León, aunque estaría mejor en el entorno donde apareció—, que no siempre ha regateado al expolio.

El Ayuntamiento de Vega de Espinareda, al menos, ya acondiciona una ruta de senderismo a Peña Piñera desde la Corrala del Lobo. Son tres kilómetros de ascenso hasta el lugar donde se encuentra el yacimiento prerromano; una colina que guarda todos sus secretos y que está pidiendo —sólo hace falta pasear por los restos de su antigua muralla para comprobarlo— que la administración autonómica, o la Universidad de León, o las dos instituciones, programen una excavación arqueológica con todas las garantías antes de que el tiempo, y los saqueadores, desdibujen más su memoria.

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