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AL TRASLUZ

Conócete a ti mismo

 

EDUARDO AGUIRRE
09/01/2018

Dice Trump que es un genio. ¿Quién, Benjamin Franklin? ¿Spielberg? ¿Bill Gates? No, él. Lo dice de sí mismo. Y esto sólo puede significar que está en lo cierto o, por el contrario, que se le ha ido definitivamente la pinza. Hay motivos fundados para temer que se trate de esta segunda posibilidad. «Yo pasé de ser un muy exitoso empresario, a una gran estrella de televisión a presidente de EE UU. Creo que esto se calificaría no como inteligente, sino como genio», ha afirmado en Twitter, para defenderse de quienes le acusan de no estar en sus cabales, la penúltima de ellas en el libro Fuego y furia. Bien está conocerse a sí mismo, como recomienda el aforismo griego, pero sin tomarte tantas confianzas. Además, resulta dudoso que Trump sepa qué es un aforismo y dónde está Grecia. En Música para camaleones, Truman Capote hizo una afirmación que la editorial emplearía para promocionar el libro: «Soy alcohólico, soy drogadicto, soy homosexual, soy un genio». Capote era las cuatro. El presidente estadounidense es posible que no sea ninguna de las tres que afirma ser. Ahora bien, lo mismo no dijo genio, sino Eugenio. Sus declaraciones suena a saben aquel que diu, pero sin gracia. Por cierto, a Puigdemont también se le ha ido ya la pincina. Insiste en que si no se le garantiza un regreso sin prisión será presidente a control remoto. Y una pinza ha sido la imagen de la exposición sobre grandes inventos, programada por La Caixa. En mi casa, las guardamos en un cesto y no se nos ha ido ninguna. Toco madera.

El frío propicia la verborrea delirante. Pablo Iglesias ha declarado en relación al caos en la AP-6: «Muchos Viva el Rey y mucha bandera, pero la corrupción y la incompetencia son la realidad del Gobierno». Confunde el culo con las témporas. O sea, con el temporal. Como dice mi madre: «Orozco, que te conozco».

Hay políticos a quienes les entran moscas en la boca incluso cuando la tienen cerrada. Ahora bien, llamarlo genialidad me parece excesivo. En la mili conocí a uno que podía tocar con las axilas cualquier canción. «Este tío es un genio», repetía asombrado el cabo. Sin duda, a mí aún no se me ha ido el asombro. Ay, la pinza, la pinza. Mister Trump conózcase a sí mismo, pero sin trampa.

   
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