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La Copona

 

HOJAS DE CHOPO. ALFONSO GARCÍA
09/01/2017

Sigo pensando que la dejadez que sustenta determinadas actitudes ante las cosas suele pasar factura, aunque sea la del lamento de lo que fue y pudo haber sido, del si hubiésemos... Tal es el caso de esta fuente histórica a la que me refiero, sin duda una referencia notable de nuestros dos últimos siglos y un pico considerable. El tiempo deja testimonios importantes. No podemos despreciarlos. Ya tenemos suficientes experiencias de desidias y abandonos como para permitirnos el lujo de sumar más a la lista. No sé a quién corresponde la decisión de tomar cartas en el asunto, pero la ventaja en este caso es que se está a tiempo de frenar un deterioro definitivo.

Los Altos de la Nevera —precisión del nombre y de su contenido— siempre fue un paraje, en las cercanías de la capital, vinculado a labores agrícolas, humanas y climáticas en que la nieve pervivía durante mucho más tiempo que en la planicie ciudadana. Buena nevera veraniega. Hoy lo atraviesa la carretera que conduce a Asturias y, poco más allá de la mitad de la recta que enfila esa dirección, a mano derecha, la fuente. La Fuente de la Copona. La Copona, a secas, uno de los referentes fundamentales de ubicación en ese trayecto. No muy dados los leoneses al grandiosismo, el nombre tiene, en este caso, su propia elocuencia. Una fuente, en forma de copa grande, cercada por muretes de piedra que sirven de bancos, y una arboleda para solaz de cuantos a ella se acercaban, pues no en vano fue durante mucho tiempo —data su construcción de 1791— lugar de descanso y punto de encuentro.

Fue utilizado el espacio como lugar de descanso para postas y diligencias, enfocando ya la mirada hacia la Venta de la Tuerta, con otras posibilidades. Las caballerías se detenían a beber, al igual que los viajeros, permaneciendo aquí un tiempo prudencial antes de seguir la ruta. Durante buena parte del siglo pasado no eran pocos los capitalinos y visitantes los que acudían a este entorno buscando la frescura de sus aguas y la sombra de la arboleda para pasar un día de campo, domingos y festivos, en torno a comidas o meriendas. «Ir a merendar a la Copona» se convirtió en frase de uso.

La Copona, en definitiva, pertenece al patrimonio histórico, artístico y humano de esta tierra. Patrimonio cultural, en su sentido más genuino y rico. Aceptarlo como tal es el primer paso para intervenir en adecentar, recuperar e incentivar el entorno. No sería muy complicado. Antes de que sea tarde.

   
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