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EL CORRO

Con el corazón partido

 

PEDRO VICENTE
10/07/2018

Un lío monumental. La expresión, muy del gusto de Mariano Rajoy, refleja seguramente el estado de ánimo de buena parte del PP ante la situación creada tras las primarias para elegir nuevo presidente del partido. Como si fuera un drama que, con arreglo a las normas que rigen el proceso, los compromisarios tengan que optar ahora entre dos candidatos.

Se comprende que inexperiencia en estas lides produzca inquietud entre la militancia de base, que, por la mera existencia de dos candidaturas en liza, teme que se vaya a resquebrajar el partido. Una mínima pedagogía sobre el mecanismo de las primarias democráticas bastaría para disipar dicho temor. Otra cosa es que haya muchos dirigentes o notables del partido interesados en agitar ese espantajo de la hipotética fractura interna.

Ante la votación de la semana pasada los dirigentes autonómicos y provinciales del PP adoptaron dos posturas igual de legítimas. Una parte de ellos se posicionaba públicamente sin reservas por alguno de los candidatos. Y así hemos visto, por poner solo dos ejemplos, que mientras el presidente del partido en Andalucía se alineaba con Soraya Saénz de Santamaría, su homólogo extremeño se decantaba por Dolores de Cospedal. Por contra, otros decidían no hacer públicas sus preferencias, supuestamente para no condicionar la libre voluntad de los afiliados participantes en el proceso.

Esto último queda muy bien de cara a la galería, pero existen fundados motivos para sospechar que ha sido la socorrida forma de eludir el riesgo de vincularse a un candidato que a la postre resulte derrotado. Máxime en un partido marcadamente presidencialista en el que las principales candidaturas (presidencias de los gobiernos autonómicos, alcaldías de las capitales de provincia y las listas completas de Congreso y Senado) se deciden directamente en la calle Génova.

La dirección del PP en Castilla y León, tanto la autonómica como la provincial, es de las que no ha querido mojarse. En su día anunció que, llegado el momento lo haría, pero ahora suspira por una candidatura única de integración que les ahorre el trance. Todo indica que no se les va a arreglar. Ni Sáenz de Santamaría ni Casado parecen dispuestos a renunciar a la posibilidad de liderar el partido; y además representan dos corrientes, el postmarianismo y el tardoaznarismo, que son como el agua y el aceite.

Por lo demás, los resultados del pasado jueves evidencian que el PP de Castilla y León tiene el corazón partido entre Casado, predilecto de los más identificados con Juan Vicente Herrera, y la ex vicepresidenta, con la que se ha volcado en este proceso el bloque afín a Alfonso Fernández Mañueco tras deshacerse sin miramientos de su cordón umbilical con Cospedal. Todo ello sin que nadie haya reconocido aquí ninguna preferencia...

   
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