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TRIBUNA

Crítica y buenos modos

 

Crítica y buenos modos -

Enrique Cimas periodista
24/01/2017

El periodismo no es una entelequia, ni una máquina de sacar faltas a diestro y siniestro. Muy al contrario, el periodismo es, sobre todo, el medio más idóneo de comunicar —todo el tiempo, todos los días— los aconteceres registrados en el seno de la sociedad, con ayuda de instrumentos (además de la insustituible participación humana) apropiados para el trabajo de expandir novedades, noticias.

Una de las definiciones «selladas» por la pedagogía de los centros docentes de la Comunicación, lo explica así: «Periodismo, es la función, el procedimiento inter-social de transmisión de una o varias noticias —sin subjetiva manipulación—, a la mayor cantidad de gente y por los procedimientos más rápidos». Ni que decir tiene que la evolución de esta actividad informativa ha experimentado bastantes cambios, tanto para acentuar la eficacia de su tarea, como para retroceder moral o deontológicamente, en según qué casos.

En alguna de mis colaboraciones anteriores, probablemente en este mismo Diario, ya me he referido a la existencia de una ambivalencia dolosa para con la masa social —ya sean lectores, radioyentes o televidentes— en el trato de noticias y comentarios, por parte de quienes confunden noticia con chisme de corral, y medio de comunicación, con cucaña de feria.

La Opinión Pública demanda a los Medios de Comunicación (con garantía de registro legal), incluso —¿por qué no?— a la red normal, información veraz; aunque con frecuencia y de manera transversal, se interpongan los que abusan de los derechos sociales.

No cabe, por tanto, dar la misma consideración social, de verosimilitud, a quienes hablan (o miran y teclean sin cesar en tablets y móviles…) que al usuario respetable, interesado en mensajes coherentes e inteligibles. Se está extendiendo, entre los jóvenes principalmente, la costumbre de hablar, veinte horas al día, con un porcentaje altísimo de palabras en idiomas extranjeros. Ni estigmatizo, ni zahiero, únicamente constato que el idioma español está siendo maltratado; y el diálogo, desvirtuado. Lo critico porque debo, y… porque soy un periodista en uso de sus capacidades. La cuestión se debate en la apreciación biónica de: «crítica razonada, sí; con la debida contrastación de los hechos, también. Para todo el mundo.

Hoy. fiesta de San Francisco de Sales, patrono de los periodistas, (y de los salesianos, ¡felicidades!); deseo estar con ustedes, mis estimados lectores en general, y leoneses en particular. De ese modo, mantengo encendido el simbólico «cirio» de la evocación anual al santo, por medio de este artículo nacido de la esencia afectiva que viaja en los adentros de un ahijado del Santo Prelado.

Tenemos las gentes del Viejo Reino, el privilegio de contar con un testimonio excepcional, sobre la persona del santo que hoy nos ocupa. En efecto, el padre Pedro Fernández —dominico, teólogo, liturgista ¡y biógrafo de San Francisco de Sales!—, es autor de un libro, grande por volumen y contenido.

En esta obra, titulada El corazón de San Francisco de Sales, en el Monasterio de la Visitación, en Trevisso, el autor desarrolla las particularidades de la milagrosa conservación del corazón incorrupto de Francisco de Sales. Merece la pena leer el texto de esta obra, bien escrita y realizada con amor, en esta hora del mundo.

Al padre Pedro, nuestro paisano, le conmovió el gran corazón del Santo De Sales, y lo retrató literariamente con amorosa fidelidad. Recuerda la tradición, y la eutrapelia, que San Francisco, el gran periodista, dijo en cierta ocasión «Sé paciente con todo el mundo pero sobre todo, contigo mismo».

Y también: «Antes de juzgar al prójimo, pongámosle a él en nuestro lugar y a nosotros en el suyo, y a buen seguro que será entonces nuestro juicio recto y caritativo»·

Recuerden ustedes que uno de los cimientos de la Prensa (dicho sea el término prensa con intención aglutinadora sobre todo aquello, y todos aquellos, que sirven al Periodismo) uno de los basamentos, repito, del trabajo de informar, es tratar de formar al público en general. Antonio Fontán —q.e.p.d.— catedrático universitario, presidente del Senado, autor de libros destacables, gustaba decir que él era un periodista. Éste notabilísimo «redactor» había afirmado, respecto de lo Géneros Periodísticos, que »toda la técnica del trabajo informativo —impreso— persigue un objetivo: informar y captar al lector por el camino de la Comunicación de unas noticias, y la hábil exposición de unas ideas. Esta meta se consigue por distintos caminos que, a su vez, dan origen a las tres modalidades del estilo periodístico: el estilo informativo, el estilo de solicitación de opinión y el estilo ameno.

Y para terminar, el 4º Principio —«Humanidad»— del periodismo ético: Los periodistas no deben dañar a nadie. Lo que publiquen puede ser hiriente, pero deben ser conscientes del impacto de sus palabras, e imágenes, en las vidas de los demás…

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