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TRIBUNA

Desaparición de las cajas de ahorros: el proceso

Luis Ángel Alonso Saravia Exempleado de Caja España
10/01/2017

 

Un estudio sobre la evolución histórica de las cajas de ahorros españolas, desde su nacimiento hasta su paulatina desaparición, requiere un análisis riguroso de los diferentes períodos de su desarrollo institucional. El último de esos períodos es el que trata sobre su desaparición como entidades financieras.

Si los procesos de fusiones y absorciones de cajas que se realizaron en el período anterior tuvieron como objeto lograr mayor dimensión, en el último período, la razón invocada para continuar con esos procesos, era conseguir mayor capitalización, para lo cual necesitaban incrementar sus recursos propios con los que garantizar su solvencia.

Sin embargo, hay que decirlo alto y claro, ambos motivos: mayor dimensión y mayor capitalización, fueron las falsas justificaciones aducidas para encubrir las verdaderas causas, y causantes, que terminarían con el «sector ahorro» español.

La necesidad de dotar de mayor capital a las cajas de ahorros se debió a una decisión del Gobierno español de adelantar e incluso ampliar, para todas las entidades financieras españolas, los requisitos de capital de Basilea III previstos para el año 2013. La finalidad de esa decisión se basó, por un lado, en la convicción de las autoridades económicas de que era imprescindible despejar cualquier duda que pudiera generarse sobre la fortaleza del sistema financiero español, y por otro lado, en la percepción de que era necesario recapitalizar y reestructurar el sistema bancario, asumiéndose como prioritario la transformación del sector de cajas de ahorros por su mayor vulnerabilidad ante la crisis financiera de 2007. Sin embargo, también hay que decirlo alto y claro, adelantar y ampliar los requisitos de Basilea III fue una decisión discrecional, por no decir arbitraria, del Gobierno de España, para lo que hubo que legislar un nuevo marco regulatorio y definir un nuevo marco de entidades financieras.

El diseño del nuevo marco regulatorio y el nuevo marco de entidades financieras fue el inicio del proceso de desaparición de las cajas de ahorros, el cual se desarrolló rápidamente en las tres fases siguientes: integración, bancarización y oligopolización.

La fase de integración tuvo su inicio a mediados de 2009 y transcurrió durante el año 2010. Se caracterizó por la aparición de la primera norma regulatoria, RDL 9/2009, de 26 de junio, sobre reestructuración bancaria y reforzamiento de los recursos propios de las entidades de crédito, y por el descenso de la rentabilidad de las cajas de ahorros debida, por una parte, al incremento de las provisiones con cargo a resultados para cubrir el deterioro de la calidad de los activos, y por otra parte, a la contracción del margen financiero ocasionada por el encarecimiento de la financiación, por el descenso de la inversión, y por la bajada del euribor aplicado a los préstamos hipotecarios. Esta situación condujo a un nuevo marco de entidades financieras, resultado de un conjunto de procesos de integración: cuatro SIP (sistemas institucionales de protección), tres absorciones, dos adquisiciones y cuatro fusiones.

La fase de bancarización tuvo su desarrollo entre los años 2011-2015. En ella se produjeron las transformaciones de las cajas de ahorros y sus entidades instrumentales (SIP) en bancos, con el objeto de que pudieran acceder a través de ellos al capital de calidad. Esta fase se abrió con la publicación del RDL 2/2011, de 18 de febrero, para el reforzamiento del sistema financiero español, que tenía un doble objetivo: reforzar el nivel de solvencia de todas las entidades de crédito, y acelerar la fase final de los procesos de reestructuración (desaparición) de las cajas de ahorros. Este RDL fue el que produjo la auténtica bancarización del sector ahorro, aunque se completaría con el RDL 2/2012, de 3 de febrero, de saneamiento del sector financiero, RDL 18/2012, de 11 de mayo, sobre saneamiento y venta de activos inmobiliarios del sector financiero, el Memorandum of Understanding (MoU) firmado el 20 de julio de 2012, Ley 9/2012, de 14 de noviembre, de reestructuración y resolución de entidades de crédito, y Ley 26/2013, de 27 de diciembre, de cajas de ahorros y fundaciones bancarias. El nuevo marco de entidades de ahorro quedaría reducido a trece bancos y dos cajas de ahorros.

El proceso de desaparición de las cajas de ahorros aún no ha finalizado, sigue abierto y se encuentra ahora en su tercera fase, de oligopolización, cuyo inicio situamos en el año 2016 con la publicación de la circular 2/2016 del Banco de España, de 2 de febrero, dirigida a las entidades de crédito, sobre supervisión y solvencia, que supone la adaptación de la directiva de la Unión Europea para aplicar los requisitos de Basilea III. Se la denomina oligopolización por el alto riesgo que comportarían más fusiones entre entidades financieras españolas, pues probablemente desaparecería todo rastro de las cajas de ahorros, se reduciría aún más el sistema bancario español, se introduciría gran incertidumbre sobre el futuro de las cajas rurales y cooperativas de crédito, que parecen estar ya en el punto de mira de nuestros gobernantes, y se eliminaría cualquier tipo de competencia. Dentro de esta fase, el 1 de septiembre de 2016, se formalizó la escritura de fusión por absorción de Catalunya Banc por el BBVA, y a día de hoy son evidentes las presiones que desde distintos estamentos políticos y económicos, se están ejerciendo para fusionar o privatizar Bankia y BMN, cuyo estudio ha encargado el FROB, con el fin de avanzar en el proceso de reestructuración (derribo) del sistema bancario español.

Ahora nos preguntamos, ¿qué ocurriría si desaparecieran los bancos? Tal vez se viviría mejor, o no, que diría un banquero, prestamista o usurero; pero seguro que habría que inventar, de nuevo, las cajas de ahorros.

 

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