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EDITORIAL

El desastre político erosiona el leonesismo

 

12/05/2014

Hay fechas que establecen hitos relevantes en todos los fenómenos sociales. No suelen ser decisivas, son por encima de todo simbólicas y de algún modo recogen las consecuencias de lo que se ha venido fraguando desde hace tiempo. Y algo de esto ocurrió este sábado, 10 de mayo de 2014, con la escasa convocatoria obtenida por la manifestación leonesista. Una concentración que estaba libre de etiquetas políticas, de protagonismos y que únicamente respondía a la denuncia sobre la situación que vive León y por extensión las tres provincias del antiguo reino. Con un planteamiento tan poco excluyente la convocatoria de sólo 2.000 personas evidencia que las cosas se han hecho muy mal en el mundo del leonesismo para dejarse un respaldo social tan importante en tan poco tiempo. Y es que si en la manifestación de 1984 se reunieron en las calles de la ciudad hasta 90.000 personas reclamando la opción de ‘León solo’ unos cuantos años después eran decenas de miles los leoneses que acudían a las urnas para respaldar las siglas de la UPL.

Pero todo ese capital se ha dilapidado por una negligente gestión en la que no han faltado las luchas fratricidas por egos, los problemas con cargos públicos que se creían dueños de las actas, el transfuguismo o una política de pactos que sólo sirvió para que su mensaje se viese fagocitado por los compañeros de viaje.

De toda esa gestión quedan hoy una auténtica sopa de letras en forma de siglas leonesistas arruinando el gran esfuerzo realizado en los primeros años de la democracia para ir sumando iniciativas.

El leonesismo, si quiere tener futuro, deberá reformularse y reorientarse. En la sociedad existe mucha sensibilidad hacia los problemas que afectan tan duramente a la provincia y hay margen para crear un proyecto importante para esta tierra. Pero el mensaje deberá diseñarse pensando que ya estamos en el siglo XXI.

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