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El diablo es el PP, el enemigo Podemos

 

PANORAMA FRANCISCO MURO DE ÍSCAR
11/01/2018

Pedro Sánchez «se apareció» de nuevo en un foro de Madrid, después de meses de práctico silencio. Algunos sostienen que es mejor para el PSOE cuando actúa siguiendo los versos de Neruda —«me gusta cuando callas porque estás como ausente»— que cuando habla, porque se notan más sus obsesiones que sus proyectos. En esta última comparecencia, con un tono más moderado en la forma, pero absolutamente cainita en el fondo, Sánchez presentó diez propuestas —y hay que felicitarse de que alguien presente y hable sobre algo que no sea Cataluña— pero en cada una de ellas se dejaban ver sus dos grandes obsesiones: hable de lo que hable, la culpa de todo es del PP. Y, en segundo lugar, no disfrazó en absoluto que su objeto es aprovechar la aparente decadencia de Podemos para recuperar los votos perdidos o robados por la formación de Pablo Iglesias. Si para eso hay que irse a la demagogia populista, se va. Si hay que extremar el mensaje de izquierda antigua, se hace sin problemas.

Sánchez habla de un pacto por la educación, pero «matiza» enseguida que es un pacto «contra la Lomce». Y eso no es lo mismo, aunque lo parezca. No quiere hacer un pacto estable, compartido y asumido por la gran mayoría sino derribar lo que ha hecho el PP. Cuando dice que toda la comunidad educativa está en contra de la Lomce, uno se pregunta no sólo cómo lo sabe sino si los socialistas siguen sin ser conscientes del profundo daño que han hecho a la educación española la Logse, la Lode y otras leyes socialistas que nos han llevado a la cola de los países europeos.

El populismo funciona a corto plazo, pero no lleva a ningún lugar donde merezca la pena vivir con libertad y con dignidad. Sánchez sigue pensando que los impuestos a la banca o a las transacciones financieras producen votos, y tal vez sea verdad. Pero se descubrió a sí mismo cuando dijo que con ese «golpe a la banca», recaudaria 800 ó 1.000 millones al año para pensiones, cuando el déficit anual es de más de 15.000 millones. Hay muchas fórmulas para arreglar el grave problema de las pensiones, y aquí es donde debería estar prohibido cualquier ejercicio de populismo trasnochado, aunque sea para barrer a Podemos.

Decir que primero hay que fijar el nivel de gasto que queremos en educación, sanidad, pensiones, etc. y luego ver de dónde se saca el dinero, como dijo, es aún peor. Es sugerente, pero no irreal porque el dinero sólo sale de las clases medias, de los que cobran nómina. El problema del socialismo es que ha perdido sus señas de identidad y que no sabe cuál es su lugar en esta nueva sociedad. No transmite confianza ni seguridad. No tiene un proyecto original ni moderno ni coherente, sólo propuestas ocurrentes, más o menos acertadas. Así seguirá lejos de ser una alternativa de gobierno.

   
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