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al trasluz

Dos son multitud

 

eduardo aguirre
14/09/2018

Me espeta un lector: «Un poco pesimista le noto en sus últimas columnas, ¿no, Aguirre?». Ni hablar. Nunca he sido la alegría de la huerta, pero agorero tampoco. Ante la probabilidad de que la tostada caiga del lado o no de la mantequilla nunca descarto que quizá lo haga de canto. Cuando suena el teléfono en casa siempre digo: «Lo cojo yo, no vaya a ser Jennifer López». Vale, luego nunca es ella, pero ¿y si lo hubiese sido? Ah, la ley de la probabilidad. Esta como todo el mundo sabe, incluso quienes somos de letras, calcula fenómenos aleatorios. ¿Cuántas probabilidades tengo de que sea Jennifer? ¿Si paseo por Ordoño cuál es la probabilidad de que me encuentre la lámpara de Aladino? ¿Y si uno de mis tres deseos es que lo de Cataluña tenga buen arreglo, cuántas probabilidades hay de que me aburra en la espera? Pues así con todo, hasta que viene la realidad y te lo chafa. El sábado pasado me subí con mi mujer en el ascensor de casa y nos quedamos allí atrapados 45 minutos. «Mira que bien, los tortolitos», estará pensando ese lector que no solo lloró con la muerte de Chanquete sino que sigue compungido porque ya no reponen la serie. Un respeto, caballero, uno tiene ya nido propio desde hace mucho. ¿Cuántas probabilidades había de que quedarnos encerrados. ¿Una de mil? Pero pasó. Pues bien, aquí es donde dicha ley hace que la tostada caiga de canto. A los dos días, volví a quedarme encerrado en el mismo ascensor, diez minutos después de que se hubiese marchado el técnico. Echen cuentas. Desde el cálculo matemático lo lógico era que no me volviese a pasar, que le tocase al señor de 10ª, pongamos por caso, o a usted. Pues no. En efecto, la estadística dice lo que dice y luego vienen los hechos consumados y la descuajeringa.

¿Pesimista? Lo justo. Pero si paseando por La Condesa veo a gente corriendo despavorida y detrás a un hombre lobo rabioso, ¿qué me importa que la probabilidad de que existan licántropos sea remota? Tonto el haba seré si no me subo a un árbol.

¿Qué probabilidades tiene España de salir de este pozo oscuro? ¿Una… ninguna… ningunísimas? Dejémoslo en un prudente: ¡¡uf!! Aunque.. mira que si hoy suena el teléfono y es Jennifer. Me da, ay, que antes cae la tostada de canto.




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