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Drama portugués

 

AQUÍ Y AHORA Diego Carcedo
12/08/2017

Lo que está pasando en Portugal es terrible: catástrofes de diferente naturaleza ocurren en todas partes pero los incendios que asolan a una amplia comarca del centro del país se están convirtiendo en un drama con escasos precedentes. Los incendios causados por los rayos de una tormenta arrasan unos bosques de acceso difícil, donde la población se halla diseminada en aldeas minúsculas y el agua es un bien escaso que en la calorina veraniega apenas llega para beber las personas y mal abrevar el ganado. No sobra para apagar incendios.

Es muy duro lo que está ocurriendo, con decenas de víctimas calcinadas y contemplado desde la proximidad, como hacemos los españoles, doblemente estremecedor. La gente portuguesa está acostumbrada a vivir situaciones graves, y las sobrelleva como nadie con resignación. Algunas veces se ha dicho y se ha escrito que el pueblo luso propende al pesimismo porque la vida le ha forjado en la contrariedad.

Con sus diez millones de habitantes, que en contra del tópico no le convierten en un país insignificante, Portugal ofrece al mundo una lengua y una literatura universales reconocidas con el Premio Nobel concedido a José Saramago; ha aportado al proceso de integración europea diez años de presidencia de la Comisión, encabezada por Durâo Barroso, y actualmente tiene a uno de sus políticos más brillantes, Antonio Guterres, al frente de las Naciones Unidas como secretario general.

El país ha superado el estigma del colonialismo residual y últimamente consiguió salir airoso del rescate económico que tuvo que afrontar durante la crisis y encontró una solución complicada pragmática a la hora de formar un Gobierno eficaz contra la naturaleza ideológica de sus partidos. La recuperación lograda ha sido objeto de elogios por propios y foráneos.

Incluso en el deporte Portugal ha cosechado éxitos espectaculares, como el Campeonato de Europa de fútbol con varios jugadores convertidos en estrellas de este deporte. No hay razón, por lo tanto, para el pesimismo crónico, sí la hay estos días para sufrir con dolor en las propias carnes los efectos del fuego que ha sumido al país en una situación catastrófica. Merecen todo el apoyo y solidaridad que su condición de pueblo con tanta historia, cultura y contribución al bienestar de la humanidad les hace acreedores.

   
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