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NUBES Y CLAROS

Duros avances

 

MARÍA J. MUÑIZ
13/01/2018

El feminismo es luchar por la libertad de todo el mundo», defendió Noele Navoulievon en un reciente congreso. No me gustan las etiquetas, encorsetan y a veces ponen puertas al campo de la libertad de pensamiento y actuación, que pasa en no pocas ocasiones por el desacuerdo. Prefiero las acciones a las proclamas. Pero más me fastidia la soberbia de quienes desdeñan que otras u otros decidan etiquetarse dejando claras posturas y principios. Esa supuesta superioridad presuntuosa y arrogante de quienes, incapaces de aceptar o debatir, presumen de desprecio a causas como la feminista, entre otras tantas. Quien a estas alturas se crea superior a otr@s necesita terapia de choque; aunque la realidad es que la igualdad está tan lejos de lograrse en la mayor parte de las facetas de la vida que no cabe sino el sonrojo de unas sociedades (tantas y tan distintas) incapaces de avanzar si no es a golpe de lucha a brazo partido de una parte, con la consiguiente radicalización inmediata de otra.

La discriminación tiene tantas caras, todas dramáticas, que cualquier avance es un paso de valor incalculable. Aquí no se ganan guerras, ni siquiera batallas, pero la conquista de espacios es permanente, le pese a quien le pese. Y eso es un triunfo que invita sobre todo a no desfallecer en la reivindicación.

En el caso de las mujeres (como en el de los marginados, los empobrecidos, víctimas en general) ningún progreso ha sido o va a ser fácil. Deberían ser causas de toda la sociedad, pero siempre hay una parte que no sólo no la abraza sino que la teme, y por tanto la rechaza. El actual fenómeno de visibilización del rechazo de las mujeres a los abusos (no sólo sexuales, el frente es mucho más amplio) vuelve a poner los pelos de punta a cuant@s temen un mundo igual y unas féminas sin temores. Pero el miedo sólo se quita con derechos y sin acosos en el trabajo y en la familia.

Falta por abordar también la impunidad de las redes. Una legislación estricta en el frente tecnológico es urgente, y unas cuantas respuestas ejemplarizantes serían un buen antídoto contra quienes creen que pueden soltar cualquier burrada o mandar a los amigotes montajes de personas públicas en situaciones denigrantes, porque la broma del whatsapp todo lo aguanta. Pues no.

En unos y otros casos, ni un paso atrás. Respeto y dignidad son innegaociables. Si levantar la voz es la única forma de avanzar, que se oiga alta y clara.

   
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