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EL RUBICÓN

El señor feudal

 

FELIPE RAMOSFELIPE RAMOS 04/03/2011

E n la época medieval los señores feudales lo dominaban todo. Suyas eran las tierras, los caseríos y lo que en ellos había, hasta sus inquilinos, sobre los que tenían todos los derechos y estos les debían honrar como lo que eran: sus amos. Esta figura de la España más profunda estaría prácticamente erradicada, si no fuera por algún que otro político que sigue viendo las instituciones como su cortijo particular. Y es que sólo así se entiende la actitud del vicepresidente primero de la Diputación, Juan Martínez Majo, que lejos de asumir las responsabilidades propias de su cargo y por las que cobra, que a nadie se le olvide, se esconde, huye y permite incluso que cualquiera pueda ir contra la Diputación con mentiras. Será que entiende que así saca rédito personal. En el caso de los trabajadores de Ipelsa todos tienen mucho que callar, incluidos los propios trabajadores, que poco o nada hicieron durante estos años de «trabajo» para hacer valer unas oficinas que todos, de uno y otro color político, han calificado de malas e ineficaces.

Y mientra s, Majo, a la sazón diputado encargado de la promoción industrial, desde su marquesado de Valencia de Don Juan sigue callado y se hace el ofendido por una nota de prensa sobre la situación que no sólo es suya sino que ayudó a su elaboración, junto a Jaime González. Es hora de que la Dipuación, como el resto de instituciones, dejen de ser el cortijo de los políticos feudales de uno y otro color. No es el cortijo de Majo, ni de Carrasco, ni de Matías Llorente ni de otros recién llegados como Ana Isabel Ferreras o de cualquier otro diputado. Ni tampoco es el cortijo de unos trabajadores, los encerrados, que sólo buscan perpetuarse en un puesto sin hacer nada, como hasta ahora. Cinco trabajadores de los que cuatro son sindicalistas, bien dirigidos y liberados, y uno más ya firmó y cobró la indemnización por su despido.

Lo que tendrían que preguntarse esos trabajadores es por qué se cierran unas oficinas que nacieron para acercar la administración al ciudadano y, a la vista está, no lo han logrado. Y Martínez Majo, como responsable del área a la que pertenecían estas oficinas, debería interpelarse sobre qué ha hecho para evitar el cierre de las mismas. Pero quizás el diputado Juan Martínez Majo, en los últimos años, ha estado demasiado ocupado en otros intereses... los suyos, y en defender su cortijo, como buen señor feudal.

   
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